Acerca de Acuario y el Egoísmo. Parte 2

El egoísmo distorsiona la forma en que percibimos el mundo y las personas. Hace que las situaciones neutras y naturales parezcan amenazantes y crea la impresión de que alguien o algo está provocando que nos dañen.

Acerca de Acuario y el Egoísmo. Parte 2

(Viene de la Parte 1)

Simplificando, se puede decir que el egoísmo se manifiesta, entre otras cosas, en la tendencia a seguir las propias creencias bien establecidas sin pensar mucho en su significado y fuente. Esto nos hace sentirnos cómodos gracias a la estabilidad del mundo interior que hemos creado para nosotros mismos. La mayoría de estas creencias nacen de la naturaleza de la mente concreta, que, al carecer de las herramientas para comprender cuestiones más complejas, tiende a simplificarlas en exceso. Así surgen los estereotipos y prejuicios que ofrecen soluciones fáciles a problemas complejos.

Este mecanismo puede dar lugar a una escapatoria instintiva hacia patrones y comportamientos rutinarios, tanto personales como sociales. Tales actitudes se describen como conservadoras. Son intentos de mantener viejos hábitos porque nos brindan una sensación de estabilidad y, por lo tanto, de seguridad. Los nuevos tipos emergentes de relaciones interpersonales se perciben como una amenaza.

Sin embargo, también hay personas que conscientemente buscan cambiar varios patrones bien establecidos. Para ellas, las actitudes conservadoras están asociadas a una amenaza, porque no les permiten expresar plenamente sus propios egoísmos, que les gustaría mostrar como algo sumamente progresista.

En los últimos años podemos observar un gran aumento en la actividad de estos egoísmos en personas de todo el mundo, mediante disputas, por ejemplo, sobre cómo tratar a los refugiados, cómo lidiar con el cambio climático, etc.

Estos egoísmos tienden a revelarse como una especie de preocupación principalmente por la propia seguridad y comodidad. Cabe agregar que este tipo de comportamiento egoísta es instintivo y en su mayoría independiente de nuestra voluntad, pues proviene de influencias kármicas que surgieron durante la evolución humana y de la lucha casi incesante por la supervivencia asociada a ella.

Es cierto que las personas modernas suelen ser lo suficientemente conscientes de estos mecanismos como para atenuar y enmascarar significativamente sus manifestaciones. Y, sin embargo, estos egoísmos son tan intensos que provocan discusiones extremadamente acaloradas entre grupos diferentes, cada uno de los cuales tiene sus propios argumentos racionales muy bien fundamentados.

Los esquemas religiosos y sociales nos han condicionado a considerar el ego y el egoísmo como algo malo. Esto se produjo por la forma en que el Ego Humano, que forma parte del puente que conecta nuestra conciencia con el mundo espiritual, se manifiesta en la gran mayoría de las personas. Por lo tanto, tenemos la impresión de que el egoísmo es algo contra lo que hay que luchar.

Sin embargo, esta cuestión es mucho más complicada, pues el egoísmo también sirve de escudo para una conciencia que aún no está preparada para ser influida plenamente por las radiaciones del Espíritu, que también se conocen como Gnosis, es decir, cognición apropiada. Cuando la influencia de la energía gnóstica es demasiado fuerte, las personas instintivamente activan mecanismos egoístas, evitando así un estado demasiado abierto al contacto, lo que fomentaría contactos sinceros con otras personas y la cooperación.

El egoísmo distorsiona la forma en que percibimos el mundo y las personas. Hace que las situaciones neutras y naturales parezcan amenazantes y crea la impresión de que alguien o algo nos está provocando daño. Por tanto, bajo su influencia nos cerramos a la cooperación con los demás y así interrumpimos el flujo de energías superiores.

¿Cómo salir de este círculo de dependencia? Simplemente hay que mirar muy objetivamente nuestro propio egoísmo, nuestros propios temores e inclinaciones; así podremos comprender mejor los egoísmos de los demás y aprender a aceptarlos como un fenómeno objetivo y natural. Habiendo logrado esto, somos capaces de utilizar estos mecanismos aprendidos para nuestro propio desarrollo. El ego parece ser un obstáculo hasta que comprendemos los principios y el propósito de su actividad. Una vez alcanzada esta comprensión, se nos presenta como un mecanismo que nos permite abandonar la dependencia de la realidad que nos rodea y ascender a un estado más sutil del ser.

La insatisfacción con los logros de la vida, que tan a menudo ocurre en las personas, es solo información de que se está utilizando el ego de forma contraria a su propósito verdadero, que es estimularnos a perseguir metas más elevadas.

Al examinar nuestro propio egoísmo, comprendiéndolo cada vez mejor y trabajando constantemente con él, desarrollamos la autoconciencia. De esta manera, finalmente alcanzamos un grado de madurez en el que ya no necesitamos el escudo del egoísmo y somos capaces de abrirnos completamente a las relaciones sinceras con otras personas y trabajar por el bien de la humanidad en su conjunto. Entonces, el egoísmo cambia, porque se vuelve más transparente y no oscurece ni distorsiona nuestra percepción tanto de la Gnosis como de las otras personas.

¿Y qué tiene que ver con todo esto el pasaje del Nuevo Testamento citado anteriormente, el de la preparación de la Pascua? (Marcos, 14, 12-16). Interpretamos que, siguiendo al hombre con agua, es decir, la influencia de Acuario, llegaremos a la sala donde se puede preparar la Pascua, que simboliza la transformación interior que nos permite alcanzar un nivel superior de ser, la verdadera humanidad. El proceso de preparación de la Pascua es muy complejo, y suele durar casi toda la vida humana. Consiste en innumerables pasos muy pequeños, incluidas nuestras reacciones y comportamientos diarios. Las escuelas espirituales gnósticas brindan asistencia para llevar a cabo este proceso.

Si nos alejamos de la interpretación literal de este pasaje y tomamos a los discípulos de Jesús como símbolos de ciertos aspectos de nosotros mismos, entonces la cuestión de dónde comer la Pascua se refiere a dónde podemos encontrar este verdadero alimento. Alimento que al parecer tanto nos falta y que el hombre moderno busca constantemente, no estando satisfecho con lo que la vida ordinaria le ofrece.

Llegar a este lugar no es fácil, porque hay que seguir la inercia que constantemente experimentamos todos los días; y es por eso por lo que no le damos demasiada importancia, dándola por sentada. Por lo tanto, escapa a nuestra atención. Las escuelas espirituales nos ayudan a percibir conscientemente estas energías y aceptarlas internamente.

La siguiente etapa es ajustar nuestro estado de ser a estos impulsos que provienen del trabajo interior con el propio egoísmo; y seguir la dirección que ellos indican, haciendo lo que es simple, obvio y natural en un momento dado. Y cuando estemos listos para la Pascua, encontraremos un gran aposento alto, amueblado y preparado. Entonces podremos comer esta comida de despedida y así dejar atrás el nivel actual de existencia, que ya es tan insuficiente y decepcionante para nosotros.

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Fecha: enero 17, 2022
Autor: Janusz Brzdęk (Poland)
Foto: Unsplash CC0

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