Platón y la reminiscencia del alma

La teoría de Platón es que conocer equivale a recordar, y que cultivar la "práctica del recuerdo" es el camino para alcanzar la esencia de todo y regresar a la vida original.

Platón y la reminiscencia del alma

El filósofo griego Platón, cuya vida abarcó partes de los siglos V y IV a.C., es considerado uno de los fundadores del pensamiento occidental. Su teoría de las ideas y sus reflexiones políticas son frecuentemente asociadas  al cristianismo y al socialismo, respectivamente. Su filosofía también presenta intersecciones notorias con las llamadas tradiciones orientales, y el ejemplo más llamativo que se puede citar es el tema de la inmortalidad y transmigración de las almas. En relación directa con este tema, existe la idea de la reminiscencia del alma, una especie de recuerdo de todo lo que ella vivió en sus diversas encarnaciones, pero, sobre todo, de aquello que ella vivía en su condición original, anterior a su venida a este mundo.

La teoría de Platón es que conocer equivale a recordar, y que cultivar la «práctica del recuerdo» es el camino para alcanzar la esencia de todo y regresar a la vida original. Sin entrar en los matices de esta teoría, lo que debe destacarse es la importancia que atribuye a la memoria en la vida del buscador de la verdad. Memoria de un tipo especial, ciertamente, ya que está relacionada también con cosas que trascienden el mundo sensible. Así, nuestra limitada capacidad de conocer la verdad y la justicia, sería solo un vestigio de la capacidad que teníamos de vivir en comunión con ellas, antes de adquirir un cuerpo material. Nuestra condición en este mundo sería, por tanto, antinatural y extremadamente dolorosa para el alma.

La consciencia de nuestra identidad está íntimamente ligada a nuestra memoria. Es fácil ver, por ejemplo, que la historia de un país es la que permite a sus nacionales formar la idea de una nacionalidad común, así mismo, nuestros recuerdos son los que consolidan en nosotros nuestra individualidad.
 
No es por casualidad que el autor del Principito explica, a través del zorro, que cautivar a alguien requiere la construcción de una historia con ese alguien, un cultivo de momentos… Cultivar para ser cautivado. Es por eso, que la pérdida de memoria puede generar resultados muy desagradables para una persona, siendo el peor de ellos, probablemente, el olvidarse de quién es. Pues el olvido de sí mismo trae consigo la pérdida de sentido, el sentimiento de estar continuamente desplazado, un vacío interior. Por otro lado, un recuerdo fuerte o un recuerdo intenso de algo en particular, denota que ese algo es muy importante para la persona.
Dios mismo quiso demostrar su celo y amor por su pueblo enfatizando lo mucho que sus pensamientos se ocupaban de él:

«¿Puede una mujer olvidarse tanto de su hijo que gesta, que no se compadezca de él, del hijo de su vientre? Pero, aunque ella se olvidara de él, yo no me olvidaré de ti.»

(Isaías 49:15).

Si la memoria común del ser humano está tan ligada a su identidad, una memoria como la que describe Platón, es decir, la memoria del alma, ciertamente es capaz de revelar la esencia de la propia alma. La identidad espiritual del ser humano, aunque presente dificultades para ser traída a la consciencia, está siendo señalada continuamente a él por las reminiscencias de su real existencia, que se dan por el anhelo de una vida plena, de la eternidad, del amor. La contemplación de todas estas cosas en un pasado inmemorial, es la razón por la que las buscamos incansablemente. La razón por la que las queremos tanto es, según Platón en el diálogo de Fedro:

“Cuando el alma, después de la evolución por la que pasa, llega a conocer las esencias, ese conocimiento de las verdades puras la sumerge en la mayor de las felicidades. […] La razón que atrae a las almas al cielo de la Verdad, es porque sólo allí podrían encontrar el alimento capaz de nutrirlas y de desarrollar sus alas, el que guía el alma lejos de las bajas pasiones.”

– (Fedro)

Conocer la esencia de las cosas sería la plena realización del alma.

¿Cómo, entonces, fue posible el desvío del alma de esta bienaventurada condición? El mito que Platón usa para ilustrar su pensamiento, apunta a un desorden causado por el ansia de contemplar las esencias, es decir, por el deseo de tener más. La consecuencia de este desorden es la imposibilidad de permanecer en aquella región: 

«cuando por un anhelo funesto el alma se llena de alimento impuro, de vicio y de olvido, se hace pesada y se precipita sin alas al suelo»

– (Fedro).

Así se explicaría por qué el ser humano está constantemente insatisfecho con su vida común, por mayores que sean sus conquistas. Él es una entidad compuesta de espíritu y materia, que tiene en el espíritu su verdadera esencia. No ser capaz de recordar eso le hace buscar la realización en la materia, al menos hasta que se da cuenta de que es imposible lograr el éxito en esta empresa. Recobrar la «memoria espiritual» equivale a saber quién es y cuál es su papel en el mundo. Pero, como se ha notado anteriormente, tal adquisición de consciencia requiere el cultivo de los impulsos espirituales que ya poseemos, el cultivo de nuestra «pre-memoria». Nuestros anhelos de amor, verdad, justicia e igualdad son reflejos del Bien hermético, que está más allá de toda dualidad. Este anhelo, al recorrer el camino, es estimulado y purificado por las ilusiones del yo.

Se trata de cultivar una nueva historia para cautivar a un nuevo ser. El nuevo ser en el que nos convertiremos y que, de hecho, siempre hemos sido.

 

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Fecha: agosto 14, 2018
Autor: Logon collaborators
Foto: Pixabay CCO

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