El poder de la Espada y de la Lanza

Las armas juegan un papel importante en nuestro mundo. Sin embargo, aun más importantes son las armas como símbolos de las fuerzas del alma.

El poder de la Espada y de la Lanza

Las armas juegan un papel importante

Desde tiempos inmemoriales, han existido armas que sirvieron al hombre no solo para obtener alimento y protección contra ataques, sino que fueron utilizadas principalmente para la conquista de tierras y la expansión del poder. En la antigüedad, hasta la Edad Media, las armas preferidas eran la lanza, la ballesta y la espada. En los siglos XI-XIII, los cruzados fueron a Tierra Santa con espadas y lanzas para reconquistar los territorios cristianos de los “ocupantes musulmanes”. La espada también se usó contra las comunidades religiosas espirituales cristianas, como los albigenses y los bogomilos. El fanatismo religioso fue evidente, y hubo asesinatos y homicidios. La religión también se entendía como un proceso externo con el que luchar por una idea divina; justificaba el derramamiento de sangre.

Incluso en los tiempos modernos, las armas desmpeñan un papel importante en la protección de la propia gente y en el juego político global por el poder. Sin embargo, las armas en manos terrenales destruyen e infligen heridas.

Las armas como fuerzas espirituales

La espada y la lanza también tienen un significado simbólico. En Mateo (10,34) dice: «No he venido a traer la paz, sino la espada«. El Apocalipsis de Juan (1,16) habla del Hijo del Hombre “de su boca salía una espada aguda de dos filos”. La Carta a los Hebreos (4,12s) dice: «Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos, y penetra hasta partir en dos el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón, y no hay criatura que se oculte a sus ojos, sino que todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de Dios, a quien debemos rendir cuentas.”

La lucha interior

La espada y lanza también aparecen en mitos y sagas. Por ejemplo, en el Cantar de los Nibelungos, Sigfrido mata al dragón y es recompensado con el tesoro de los Nibelungos. Asimismo, San Jorge mata a un dragón que tiranizaba la ciudad. Por esto, el rey le recompensa con oro.

El dragón puede entenderse como un símbolo del yo inferior, es decir, de todas las agresiones y deseos inferiores dentro de nosotros. Estos deben ser superados por nosotros e integrados en la conciencia para que el alma divina, simbolizada por el tesoro de oro, pueda desplegarse.

La lanza y el Grial

Un arma también juega un papel importante en la ópera Parsifal de Richard Wagner. La lanza con la que se atravesó el costado de Jesús en la cruz y el Grial en el que se recogió la sangre de la herida: se conservan como reliquias en el Castillo del Grial. Fortalecidos por el Grial, los Caballeros del Grial se dispusieron a luchar por el bien. Klingsor, que fue excluido de la comunidad del Grial debido a su falta de castidad, construyó un castillo mágico fuera del área del Grial con chicas seductoras como habitantes. Amfortas, que salió con la lanza para derrotar a Klingsor y poner fin a estas servidumbres, cayó presa del seductor cortejo de las muchachas y así perdió la lanza ante Klingsor, quien le hirió con ella. Es una herida que no cura y que causa un dolor aun más agónico con cada desvelamiento del Grial. Solo Parsifal, purificado tras años de deambular, que regresa a la región del Grial siendo inocente y puro, siente el dolor de la herida de Amfortas en su corazón y renuncia a la seducción de Kundry, puede recuperar la lanza y liberar a Amfortas de su tormento.

La lanza, que en la ópera de Wagner se asocia con el manejo de las fuerzas creadoras divinas, inflige una herida incurable a quien no las utiliza según la voluntad divina. ¿Y no es cierto que todo ser humano lleva dentro de sí una herida profunda que no cicatriza? Está en su corazón, que se ha desconectado de las fuerzas divinas de su origen. Esta herida no se puede curar con poderes terrenales; requiere un poder espiritual superior.

La espada llameante

¿Cómo podemos entender la espada de doble filo de la Biblia en este contexto? En el Apocalipsis, la espada sale de la boca del Hijo del Hombre. En la Carta a los Hebreos, la espada se conecta con la Palabra de Dios. La espada se experimenta como un poder de juicio que llama a la purificación del corazón y de los pensamientos, poniendo así en marcha un proceso doloroso. Por lo tanto, es una herida sagrada la que esta espada nos inflige, una herida que quiere despertar nuestra conciencia y abrir nuestros ojos a nuestro estado de ser real.

Al final de Génesis 3, se habla de una espada llameante clavada en la tierra por los Elohim para negarle al hombre el acceso al Árbol de la Vida. “Expulsó al hombre y puso al oriente del Jardín del Edén querubines y una espada llameante para guardar el camino hacia el árbol de la vida”. (Génesis 3, 24)

Se trata de una espada llameante asociada con la potencia del fuego. Sin embargo, no se refiere aquí a la espada de la afirmación de la fuerza del ego y el poder terrenal, sino que es una espada que brilla con fuego divino. No podemos usar esta espada, nos quemaríamos, pues requiere un poder diferente. El espíritu se ha asociado siempre con el fuego. Por lo tanto, nosotros mismos debemos convertirnos en el poder ardiente del espíritu para pasar por la puerta de fuego. ¿Cómo se debe entender esto? Tenemos que silenciar la voluntad de nuestro ego y dejar que se desvanezca en el fondo para que la voluntad espiritual pueda volver a tomar su lugar en nosotros y nos guíe. Sin embargo, esto no significa euforia espiritual, como la que mostraron los Caballeros Templarios en los siglos XI-XIII cuando irrumpieron en Jerusalén para retomar la Ciudad Santa. No, es una tormenta silenciosa pero dolorosa dentro de nosotros que nos lleva a la humildad de corazón, en cuya pureza podemos recibir el Espíritu.

¿Y la espada no es también un símbolo de la columna vertebral del hombre? ¿Acaso nuestra columna vertebral no debe convertirse también en una espada llameante? La columna vertebral es responsable de algo más que la postura erguida del hombre. Cuando el espíritu penetra en un ser humano, la columna vertebral también es inundada por él. Una vez que el espíritu ha establecido su residencia en el corazón, puede ascender a la cabeza, fluir desde allí a lo largo de la columna, descender hasta la pelvis y el plexo sacro; así nos redimimos del karma y luego, junto con el karma purificado, ascender de nuevo por la columna hasta la cabeza. Entonces somos inundados con el poder ardiente del espíritu y podemos atravesar la puerta de fuego de la espada llameante con los querubines como guardianes y entrar en la tierra espiritual.

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Fecha: mayo 20, 2021
Autor: Sonja Vilela (Germany)

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