{"id":96022,"date":"2021-11-20T15:14:52","date_gmt":"2021-11-20T15:14:52","guid":{"rendered":"https:\/\/logon.media\/logon_article\/espacio-interior\/"},"modified":"2021-11-20T15:14:52","modified_gmt":"2021-11-20T15:14:52","slug":"espacio-interior","status":"publish","type":"logon_article","link":"https:\/\/logon.media\/es\/logon_article\/espacio-interior\/","title":{"rendered":"Espacio Interior"},"content":{"rendered":"<div class=\"logon-article__body\">\n<div class=\"article-body-container\">\n<p>As\u00ed como existe un espacio f\u00edsico, material, medible, lleno de objetos y seres vivos, colores y sonidos, tambi\u00e9n existe un espacio ps\u00edquico, inmaterial, lleno de im\u00e1genes, ideas, recuerdos, fantas\u00edas, proyectos. Este \u00faltimo no se mide en t\u00e9rminos de distancia o peso, sino en t\u00e9rminos de intensidad, fuerza y energ\u00eda.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n hay un espacio espiritual, subyacente a los otros dos, que se distingue por el hecho de que no es perceptible por los sentidos ni por las facultades emocionales o mentales. Escapa a cualquier medida de forma o intensidad.<\/p>\n<p>Estos tres \u00abespacios\u00bb coexisten; se superponen y se interpenetran. Ser receptivo a uno de ellos m\u00e1s que a los dem\u00e1s depende de la calidad de la conciencia, de su afinidad con ese espacio en particular. Ese espacio se convierte en el hogar privilegiado de la conciencia, el lugar donde \u201cmora\u201d la mayor parte del tiempo.<\/p>\n<p>El espacio espiritual del que hablamos aqu\u00ed es diferente de los conocidos espacios materiales y ps\u00edquicos, de la misma manera que el tejido de un tapiz difiere de los patrones y colores que aparecen en el tapiz, aunque est\u00e1 \u00edntimamente relacionado con ellos. El espacio espiritual es fundamental, esencial, preexistente a cualquier manifestaci\u00f3n material o inmaterial. Es en este espacio donde se mueven los objetos y los seres, los pensamientos y las emociones, conscientemente o no, es tambi\u00e9n donde aparecen y luego desaparecen. Es el creador y destructor de todo.<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo podemos percibir lo fundamental, lo esencial? \u00bfC\u00f3mo podemos ponernos en contacto con lo que sentimos que es la esencia de la vida y la conciencia? Por cierto, \u00bfexiste tal &#8216;cosa&#8217;, o es solo otra especulaci\u00f3n, un puro ideal conceptual, un sue\u00f1o inconsistente?<\/p>\n<p>Imagina que entras en una vivienda en una segunda planta. El suelo est\u00e1 lleno de tantos objetos que ya no se puede ver ni pisar. Caminas lo mejor que puedes sobre el mont\u00f3n de objetos diversos; pasas de una habitaci\u00f3n a otra, pero en todas partes es lo mismo, el mismo espect\u00e1culo, el mismo andar dif\u00edcil e inestable. \u00bfVas a dudar de la presencia de un suelo, de un piso, aunque sea invisible para ti? \u00bfPensar\u00e1s que la multitud de objetos acumulados se sostiene, como en un m\u00e1gico estado de ingravidez que evitar\u00eda que se desplome sobre las cabezas de los vecinos de abajo? No, por supuesto que no: usted sabe que hay un suelo (una losa de hormig\u00f3n o lo que sea); simplemente est\u00e1 muy desordenado.<\/p>\n<p>Lo mismo ocurre con la conciencia: el fundamento de la conciencia, su esencia anterior a los pensamientos, conceptos, im\u00e1genes, palabras, no es evidente y claro para uno porque el espacio de la propia conciencia est\u00e1 abarrotado, saturado de recuerdos y afectos, acontecimientos felices. y traumas, opiniones e interpretaciones, certezas y dudas. Estos &#8216;objetos&#8217; e im\u00e1genes conceptuales se han ido acumulando sin saberlo a lo largo de la vida, durante las experiencias placenteras o dolorosas. A esto se suman las impresiones, conceptos e im\u00e1genes de los antepasados, la cultura, la raza, una posible religi\u00f3n, todas esas cosas que se comparten con millones de otras personas que tambi\u00e9n las portan; todas esas cosas que tienen siglos, incluso milenios de antig\u00fcedad.<\/p>\n<p>Entonces llega un momento crucial, un momento cr\u00edtico, cuando toda esta basura psico-mental pesa sobre ti, s\u00ed, se vuelve insoportable; un momento de saturaci\u00f3n en el que parece que ya no se puede respirar ni vivir con ello. Entonces surge para uno y dentro de uno la cuesti\u00f3n del \u00absuelo\u00bb original, de la esencia misma de la conciencia. Surge acompa\u00f1ado de un inmenso e intenso deseo de liberaci\u00f3n, de espacio.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 hacer entonces? Es simple, es obvio: Agarras uno por uno los objetos amontonados en la primera habitaci\u00f3n y te deshaces de ellos, hasta que el suelo de todo el piso vuelva a ser visible, est\u00e9 despejado. Al hacer esto, los primeros objetos que aparecer\u00e1n a la vista son los m\u00e1s recientes tra\u00eddos a ustedes por los eventos y situaciones de la vida, los que se encuentran en la parte superior del mont\u00f3n. Luego, poco a poco, a medida que despejas la habitaci\u00f3n, saldr\u00e1n a la luz objetos m\u00e1s antiguos, enterrados hace mucho tiempo bajo los trastos. A veces tendr\u00e1s que desenredar varios de ellos, que est\u00e1n firmemente entrelazados. Para todo esto, necesitar\u00e1s paciencia y perseverancia, y, sobre todo, necesitar\u00e1s mantener viva e intacta la llama de ese poderoso deseo que te ha empujado a emprender este formidable trabajo interior. Este ser\u00e1 tu \u00abcombustible\u00bb durante todo el proceso.<\/p>\n<p>Este proceso de limpieza de recuerdos es tambi\u00e9n un gigantesco inventario; te lleva a descubrir muy conscientemente todos los residuos, los desechos que las experiencias vividas han depositado en ti. Ya no los sufres pasivamente: los captas, los reconoces, y as\u00ed te deshaces de ellos con toda lucidez. Este proceso de \u00ablimpieza\u00bb, de despejar, tiene un nombre: conocimiento de s\u00ed mismo. S\u00f3lo podemos eliminar de nuestro ser, de nuestra vida, aquello que hemos reconocido a plena luz de la conciencia. Lo que permanece oculto permanece en su lugar y act\u00faa (\u00a1o m\u00e1s bien, nos hace actuar!) sin nuestro conocimiento.<\/p>\n<p>A medida que progresa este trabajo interno de reconocimiento y neutralizaci\u00f3n, el espacio dentro de uno se vuelve m\u00e1s grande, m\u00e1s libre, m\u00e1s brillante. Las cosas, los acontecimientos, las situaciones, se vuelven m\u00e1s claras, m\u00e1s simples, m\u00e1s serenas tambi\u00e9n. Su ardiente deseo, que ard\u00eda bajo las cenizas de la costumbre, brota como una llama de alegr\u00eda y su fuerza aumenta.<\/p>\n<p>Los \u00faltimos objetos que quedan en el suelo (o m\u00e1s bien, las primeras capas sedimentarias) son los m\u00e1s antiguos. Son pesados, est\u00e1n oxidados o carcomidos; su evacuaci\u00f3n es lenta, delicada. Afortunadamente, su energ\u00eda se libera a medida que el suelo aparece gradualmente. Algo emana de ella: una fuerza pura, una belleza indescriptible, la realizaci\u00f3n de tu m\u00e1s profundo deseo de vida y luz interior.<\/p>\n<p>Gradualmente &#8216;pierde&#8217;, aunque voluntaria y conscientemente, todos esos objetos psico-mentales que constitu\u00edan tu identidad, tu ego. Esta nueva situaci\u00f3n es inc\u00f3moda y desestabilizadora. Pero el espacio recuperado, y la libertad que conlleva, cubre esta incomodidad superficial con un manto de paz y compasi\u00f3n. El vac\u00edo se convierte gradualmente en su identidad, tanto nueva como original, su verdadera identidad, inmutable, sin cambios porque no tiene objetivo, ni color, ni sustancia.<\/p>\n<p>Usted a\u00fan debe limpiar el suelo mismo, cubierto por una gruesa capa de polvo y suciedad. Con la alegr\u00eda de sentirlo por fin bajo sus pies, s\u00f3lido y estable, se pone manos a la obra. Y aparece la maravilla: de este suelo despejado y limpio irradia una luz intensa, una energ\u00eda inconmensurable, hermosa, invencible, ilimitada. Lo envuelve todo, incluidas las paredes, el suelo, la vivienda, toda la casa y a usted mismo. El fin \u00faltimo de la vida, el mismo que despert\u00f3 en usted el deseo de deshacerse de toda la basura inicial, est\u00e1 cumplido: \u00a1ya no eres, y lo eres todo!<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"logon-article__authors-bottom\">\n<div class=\"logon-article__authors-picture\"><\/div>\n<\/div>\n<div class=\"logon-article__tags\">\n<div class=\"field field--name-field-tags field--type-entity-reference field--label-inline clearfix\"><\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"author":937,"featured_media":15709,"template":"","meta":{"_acf_changed":false},"tags":[],"category_":[110102],"tags_english_":[],"class_list":["post-96022","logon_article","type-logon_article","status-publish","has-post-thumbnail","hentry","category_-spiritsoul-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/logon.media\/es\/wp-json\/wp\/v2\/logon_article\/96022","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/logon.media\/es\/wp-json\/wp\/v2\/logon_article"}],"about":[{"href":"https:\/\/logon.media\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/logon_article"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/logon.media\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/937"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/logon.media\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/15709"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/logon.media\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=96022"}],"wp:term":[{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/logon.media\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=96022"},{"taxonomy":"category_","embeddable":true,"href":"https:\/\/logon.media\/es\/wp-json\/wp\/v2\/category_?post=96022"},{"taxonomy":"tags_english_","embeddable":true,"href":"https:\/\/logon.media\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags_english_?post=96022"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}