{"id":95569,"date":"2021-12-18T18:03:57","date_gmt":"2021-12-18T18:03:57","guid":{"rendered":"https:\/\/logon.media\/logon_article\/el-dolor-del-alma-del-mundo-parte-1\/"},"modified":"2022-10-17T15:33:44","modified_gmt":"2022-10-17T15:33:44","slug":"el-dolor-del-alma-del-mundo-parte-1","status":"publish","type":"logon_article","link":"https:\/\/logon.media\/es\/logon_article\/el-dolor-del-alma-del-mundo-parte-1\/","title":{"rendered":"El dolor del Alma del Mundo &#8211; Parte 1"},"content":{"rendered":"<p>Torrentes de lluvia caen sobre el \u00a0parabrisas de mi coche. El limpiaparabrisas no puede barrer el flujo de agua. Me veo obligado a reducir la velocidad. A trav\u00e9s de un velo de agua, el camino es solo parcialmente visible. El limpiaparabrisas enfrenta las fuerzas de la naturaleza a un ritmo fren\u00e9tico. Tengo que reducir la velocidad una vez m\u00e1s.<\/p>\n<p>Pensamientos dispersos corren por mi cabeza. Vuelvo de una semana de senderismo en Westerwald (Alemania) con un grupo de unos 30 amigos. Durante estos d\u00edas, en conversaciones y reflexiones, hemos examinado profundamente nuestra relaci\u00f3n con la naturaleza y con el alma del mundo. Surgen im\u00e1genes de nuestras caminatas. A menudo, en medio del bosque, inesperadamente nos encontramos con caminos devastados. Justo una semana despu\u00e9s de que los caminos cubiertos de musgo atravesaran una exuberante vegetaci\u00f3n, encontramos un suelo fangoso surcado por profundas huellas de neum\u00e1ticos. Por todas partes yac\u00edan montones de troncos desnudos de abeto: talados, desramados, apilados. El camino era apenas reconocible. Toda una zona forestal hab\u00eda sido profanada de forma casi insoportable. Esto me causa un agudo dolor.<\/p>\n<p>En la autopista veo una larga fila de camiones de bomberos que se aproxima. Hay varias docenas de coches con tripulaciones vestidas de azul y tejido reflectante, camino a sus lugares de operaci\u00f3n en Sauerland, donde, como en Eifel, en el sur de Baviera y en Sajonia, las devastadoras lluvias torrenciales han hecho que los arroyos y r\u00edos se desborden. Muchas casas fueron arrasadas, pueblos y ciudades inundados con masas de lodo; animales y personas perdieron la vida. Los camiones de bomberos que circulaban en una larga fila, uno detr\u00e1s del otro, me permitieron encadenar los eventos de este a\u00f1o:<\/p>\n<p>Pandemia de Coronavirus \u2013 muerte masiva de bosques \u2013 aguaceros fuertes y frecuentes \u2013 per\u00edodos de calor y sequ\u00eda de una magnitud sin precedentes.<\/p>\n<p>El calentamiento global con sus efectos devastadores ya no es solo un evento \u00ababstracto\u00bb del que nos enteramos por los medios. Ahora est\u00e1 sucediendo justo en nuestra puerta. Un destacado pol\u00edtico dijo en la televisi\u00f3n: \u00ab\u00a1Resistiremos las fuerzas de la naturaleza con todas nuestras fuerzas!\u00bb<\/p>\n<p>Estas palabras ponen de manifiesto la misma mentalidad que ha creado este desequilibrio, a saber, la creencia de que estamos separados del mundo, de la naturaleza, que podemos elevarnos por encima de ella, dominarla.<\/p>\n<p><strong>Somos parte de la naturaleza<\/strong><\/p>\n<p>Por otra parte, el maestro suf\u00ed californiano Llewellyn Vaughan-Lee declara:<\/p>\n<p><em>El mundo no es en absoluto un problema a resolver, sino un ser vivo al que tambi\u00e9n pertenecemos. Es parte de nosotros mismos y nosotros somos parte de su totalidad sufriente. No puede haber curaci\u00f3n a menos que lleguemos al fondo de nuestra idea de desapego. Y la parte m\u00e1s profunda de nuestro desapego de la creaci\u00f3n es que hemos olvidado su naturaleza sagrada, que tambi\u00e9n es nuestra naturaleza sagrada.<\/em><\/p>\n<p>Estoy frente a un gran desaf\u00edo. Si ya no quiero percibir la naturaleza, el bosque, como algo separado, algo opuesto a m\u00ed, tengo que comprometerme de una manera completamente diferente, tengo que intentar entrar en una relaci\u00f3n interna con las criaturas de la naturaleza, extender unas antenas sensoriales amplias en la percepci\u00f3n contemplativa. En la observaci\u00f3n involuntaria puedo ahondar en los secretos de las piedras, las plantas y los animales, incluso establecer una conexi\u00f3n interna con ellos.<\/p>\n<p><strong>Una nueva forma de percibir<\/strong><\/p>\n<p>Por lo tanto, puedo percibir algo en una planta que nunca antes hab\u00eda notado. Sus colores brillan mucho m\u00e1s intensamente cuando acojo la planta muy dentro de m\u00ed; sus filamentos y fibras se asemejan a finos rayos de luz. Es como sumergirse en \u00abotro mundo\u00bb que no es nuestro mundo cotidiano.<\/p>\n<p>Y puede surgir en mi interior la sensaci\u00f3n de que la planta mirara hacia m\u00ed, como si quisiera saber qui\u00e9n se dedica a ella con tanta intensidad, como si tambi\u00e9n ella quisiera entrar en una conexi\u00f3n profunda conmigo.<\/p>\n<p>El observador y lo observado fluyen entre s\u00ed. Estoy entonces en una dimensi\u00f3n m\u00e1s fina, et\u00e9rea, de modo que ya no miro a la planta solo con ojos fisiol\u00f3gicos, sino con \u00abojos et\u00e9reos\u00bb (como lo expresa Rudolf Steiner). Lo semejante act\u00faa sobre lo semejante. Con los sentidos et\u00e9ricos se hace visible el cuerpo et\u00e9rico de la planta.<\/p>\n<p><strong>Lo sagrado en la naturaleza<\/strong><\/p>\n<p>Me doy cuenta de que hemos olvidado la naturaleza sagrada de la creaci\u00f3n, que es tambi\u00e9n nuestra propia naturaleza sagrada. La ciencia, la tecnolog\u00eda y una religiosidad cansada del mundo nos han robado la conexi\u00f3n original con la dimensi\u00f3n espiritual de la vida: la conexi\u00f3n entre nuestra alma y el alma del mundo. Hemos olvidado que todos somos parte de un ser vivo y espiritual, el alma del mundo.<\/p>\n<p>Marsilio Ficino (1433-1499) vio el alma del mundo obrar en todas partes y lo parafrase\u00f3 con las siguientes palabras:<\/p>\n<blockquote><p><em>El alma es todas las cosas juntas [&#8230;]<\/em><\/p>\n<p><em>y como est\u00e1 en el centro de todas las cosas<\/em><\/p>\n<p><em>posee los poderes de todas esas cosas.<\/em><\/p>\n<p><em>Y puesto que es la verdadera conexi\u00f3n de todas las cosas,<\/em><\/p>\n<p><em>pasa a uno sin dejar a los otros [&#8230;].<\/em><\/p>\n<p><em>Por eso se le llama, con raz\u00f3n, el centro de la naturaleza,<\/em><\/p>\n<p><em>el eje de todas las cosas,<\/em><\/p>\n<p><em>la cara de todas las cosas, y el nexo<\/em><\/p>\n<p><em>y el centro del universo.<\/em><\/p><\/blockquote>\n<p>Jan van Rijckenborgh describi\u00f3 el poder consolador y curativo del alma del mundo en su libro <em>La Gnosis China<\/em>.<\/p>\n<p><strong>La luz de la naturaleza y la luz del esp\u00edritu<\/strong><\/p>\n<p>Los verdaderos alquimistas reconocieron el poder creativo en el centro de la naturaleza. Reconocieron la luz oculta en la materia y en las fuerzas de la naturaleza. Lo llamaron <em>Lumen Naturae<\/em>, una esencia sagrada en el tejido de la creaci\u00f3n, que buscaron liberar a trav\u00e9s de la experimentaci\u00f3n y la imaginaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Esta luz, oculta en la materia, emana del alma del mundo y se conecta con el <em>Lumen Dei<\/em>, la luz divina que irradia desde las m\u00e1s altas esferas del esp\u00edritu trascendente.<\/p>\n<p>El alma del mundo, el <em>Anima Mundi<\/em>, es la chispa divina en la materia, el fuego chispeante universal en la luz de la naturaleza, que lleva el esp\u00edritu celestial dentro de s\u00ed como la conciencia m\u00e1s elevada.<\/p>\n<p>Nuestra luz natural es parte de la luz del alma del mundo. Podemos participar en el proceso alqu\u00edmico de renovaci\u00f3n del alma. Podemos liberar la luz de nuestra chispa interior. Podemos conectarse con el Lumen Dei, con la luz del esp\u00edritu m\u00e1s elevado.<\/p>\n<p>Entonces el \u201cplomo\u201c, que simboliza nuestro estado actual, se transforma en \u201coro\u201c. La chispa divina inmanente y la luz divina trascendente se unen, y el esp\u00edritu divino puede revelarse a trav\u00e9s de nosotros, los seres humanos.<\/p>\n<p>(<a href=\"https:\/\/logon.media\/es\/logon_article\/el-dolor-del-alma-del-mundo-parte-2\/\">Contin\u00faa en la Parte 2<\/a>)<\/p>\n","protected":false},"author":920,"featured_media":16081,"template":"","meta":{"_acf_changed":false},"tags":[],"category_":[110115],"tags_english_":[],"class_list":["post-95569","logon_article","type-logon_article","status-publish","has-post-thumbnail","hentry","category_-zeitgeist-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/logon.media\/es\/wp-json\/wp\/v2\/logon_article\/95569","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/logon.media\/es\/wp-json\/wp\/v2\/logon_article"}],"about":[{"href":"https:\/\/logon.media\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/logon_article"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/logon.media\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/920"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/logon.media\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/16081"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/logon.media\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=95569"}],"wp:term":[{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/logon.media\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=95569"},{"taxonomy":"category_","embeddable":true,"href":"https:\/\/logon.media\/es\/wp-json\/wp\/v2\/category_?post=95569"},{"taxonomy":"tags_english_","embeddable":true,"href":"https:\/\/logon.media\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags_english_?post=95569"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}