{"id":91624,"date":"2021-03-24T15:50:09","date_gmt":"2021-03-24T15:50:09","guid":{"rendered":"https:\/\/logon.media\/logon_article\/kierkegaard-angustia-en-relacion-al-espiritu-divino\/"},"modified":"2021-03-24T15:50:09","modified_gmt":"2021-03-24T15:50:09","slug":"kierkegaard-angustia-en-relacion-al-espiritu-divino","status":"publish","type":"logon_article","link":"https:\/\/logon.media\/es\/logon_article\/kierkegaard-angustia-en-relacion-al-espiritu-divino\/","title":{"rendered":"Kierkegaard &#8211; Angustia en relaci\u00f3n al esp\u00edritu divino"},"content":{"rendered":"<p>S\u00f6ren Kierkegaard, nacido en Copenhague en 1813, es considerado un importante fil\u00f3sofo dan\u00e9s. Es uno de los existencialistas. En sus escritos abord\u00f3 los sentimientos existenciales de miedo, desesperaci\u00f3n e impotencia que, para \u00e9l, eran un requisito previo y una especie de prueba para llegar a la verdadera vida en Dios superando estos sentimientos. Kierkegaard era profundamente religioso. Defendi\u00f3 el cristianismo genuino, original, que para \u00e9l significaba aceptar el sufrimiento y renunciar a este mundo. Acus\u00f3 a la Iglesia Luterana Danesa de enga\u00f1ar a la congregaci\u00f3n fiel fomentando la religi\u00f3n como un medio de consuelo y derribando as\u00ed el cristianismo. Defendi\u00f3 su punto de vista de la manera m\u00e1s conmovedora en la revista \u00d8jeblikket (El momento), que hab\u00eda publicado un a\u00f1o antes de su muerte.<\/p>\n<p>\u00ab<em>El hombre es esp\u00edritu. \u00bfPero qu\u00e9 es el esp\u00edritu? Es el yo. Pero, \u00bfqu\u00e9 es el yo?<\/em>\u00ab[1] Este es el comienzo del libro de Kierkegaard <em>La enfermedad mortal<\/em>. En el yo est\u00e1n unidos el hombre terrenal finito y el hombre infinito que tiene su origen en Dios. Sin embargo, el hombre no es consciente de su parte espiritual divina. Se esfuerza por alcanzar la felicidad y la satisfacci\u00f3n, pero ambas cosas son falacias, ya que se ignora el esp\u00edritu en este esfuerzo. Antes de la Ca\u00edda b\u00edblica, el hombre ten\u00eda contacto con el esp\u00edritu, pero el esp\u00edritu estaba latente en \u00e9l. El hombre era, por tanto, inocente e ignorante, y hab\u00eda silencio y tranquilidad en su interior. Seg\u00fan Kierkegaard, el hombre lo experiment\u00f3 como un estado de \u00abla nada\u00bb, una nada que le provoc\u00f3 un enorme temor.<\/p>\n<p><strong>La \u00abNada\u00bb<\/strong><\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 quiere decir Kierkegaard con \u00abla nada\u00bb, ya que, despu\u00e9s de todo, el hombre estaba vinculado al esp\u00edritu antes de la ca\u00edda? El esp\u00edritu quiere conducir a la conciencia, pero una conciencia en conexi\u00f3n con lo divino. Seg\u00fan Kierkegaard, el esp\u00edritu lo quer\u00eda antes de la Ca\u00edda y lo sigue queriendo hoy. Aunque latente, el esp\u00edritu se puso en contacto con el ser humano, le imparti\u00f3 posibilidades, pero se retir\u00f3 de nuevo porque el hombre no pod\u00eda comprender al esp\u00edritu. Este estado de contemplar el esp\u00edritu, pero no poder comprenderlo, es lo que Kierkegaard llama un estado de \u00abnada\u00bb. Tambi\u00e9n se le podr\u00eda llamar un estado de vac\u00edo, o un vac\u00edo que desencadena un miedo en el ser humano. El hombre no era consciente de lo espiritual, ni ten\u00eda todav\u00eda una conciencia del Yo con una voluntad fuerte como la conocemos hoy. El esp\u00edritu estaba ciertamente cerca de \u00e9l, pero al mismo tiempo distante, como para dejar al hombre inconsciente. Es decir, el ser humano no pod\u00eda usar conscientemente los poderes espirituales, no pod\u00eda expresarse conscientemente con ellos. La ca\u00edda b\u00edblica del hombre se produjo por el miedo al estado de \u00abla nada\u00bb, que Kierkegaard ve como un s\u00edmbolo de nuestros conflictos existenciales.<\/p>\n<p><strong>El salto cualitativo<\/strong><\/p>\n<p>Con la prohibici\u00f3n de no comer del \u00e1rbol del conocimiento, Ad\u00e1n y Eva tomaron conciencia de la posibilidad de elegir. Al comer el fruto, Ad\u00e1n se decidi\u00f3 en contra del esp\u00edritu y a favor del &#8216;pecado&#8217;. Para Kierkegaard, el pecado significa no solo la conciencia de la sensualidad y la sexualidad, sino tambi\u00e9n una vida de voluntad propia alejada de Dios. Kierkegaard llama a esto el salto cualitativo. Sin embargo, fue un salto que no se hizo en libertad, sino por miedo. \u00c9l enfatiza que no solo Ad\u00e1n dio este salto, sino tambi\u00e9n todos los seres humanos despu\u00e9s de Ad\u00e1n, incluidos nosotros mismos. \u00abLa posibilidad de la libertad no consiste en poder elegir lo bueno o lo malo [&#8230;] La posibilidad consiste (en todo caso) en que se <em>puede <\/em>[&#8230;]\u00bb \u201cLa angustia no es una categor\u00eda de la necesidad [\u2026] de libertad, es una libertad trabada, donde la libertad no es libre en s\u00ed misma\u00bb[2].<\/p>\n<p>Este momento de salto, dice Kierkegaard, no puede explicarse. Es un momento psicol\u00f3gico que ocurre no solo una vez sino constantemente dentro de nosotros, acompa\u00f1ado de una ansiedad existencial que implica una b\u00fasqueda desesperada de un v\u00ednculo con el esp\u00edritu. En nuestro miedo, nos enfrentamos constantemente a la decisi\u00f3n de elegir a favor o en contra del esp\u00edritu.<\/p>\n<p>Si mir\u00e1ramos nuestro mundo desde el exterior, uno pensar\u00eda que debe haber una tremenda libertad y felicidad asociadas con innumerables opciones de elecci\u00f3n. \u00bfCu\u00e1ndo ha tenido la humanidad del mundo occidental tantas oportunidades de elegir y moldear su vida como le plazca como en nuestro tiempo? Sin embargo, las innumerables posibilidades no significan felicidad para nosotros; m\u00e1s bien, nos asfixian y, por lo tanto, a menudo se experimentan como una amenaza. Con muchas decisiones queremos obtener lo mejor para nosotros sin considerar los da\u00f1os colaterales. Queremos realizar nuestra felicidad terrenal con nuestras decisiones, pero esto no se ajusta al plan divino. Intuitivamente, nuestra conciencia se involucra y sentimos que debemos tomar un camino diferente. Otras decisiones que experimentamos como existenciales, como el matrimonio, formar una familia, cambiar de trabajo, mudarnos a otra ciudad, otro pa\u00eds o separarnos de nuestra pareja, est\u00e1n relacionadas con el miedo a perder la individualidad o la libertad, as\u00ed como con el miedo existencial al abandono y la soledad. El esp\u00edritu, sin embargo, quiere unificarse y con el esp\u00edritu el ser humano no se sentir\u00eda solo. Pero esto requiere la voluntad de abrirse al esp\u00edritu. Este es el miedo existencial del que habla Kierkegaard.<\/p>\n<p><strong>La libertad encadenada<\/strong><\/p>\n<p>Con el salto, nacieron la voluntad del Yo y la conciencia de s\u00ed miso del ser humano. El ser humano se volvi\u00f3 conocedor, capaz de reconocer el bien y el mal, lo que significa que fue capaz de experimentar la polaridad como positiva y negativa, como agradable y desagradable, y como alegr\u00eda y sufrimiento en su propia carne. La vida de autodeterminaci\u00f3n le dio al ser humano no solo felicidad y libertad, sino tambi\u00e9n dolor y sufrimiento. A esto se refiere Kierkegaard cuando habla del salto cualitativo.<\/p>\n<p>La angustia el v\u00e9rtigo de la libertad; un v\u00e9rtigo que surge cuando, al querer el esp\u00edritu poner la s\u00edntesis, la libertad echa la vista hacia abajo por los derroteros de su propia posibilidad, agarr\u00e1ndose entonces a la finitud para sostenerse. En este v\u00e9rtigo la libertad cae desmayada<em>. [&#8230;] En ese momento todo ha cambiado, y cuando la libertad se incorpora de nuevo, ve que es culpable. Entre estos dos momentos hay que situar el salto, que ninguna ciencia ha explicado ni puede explicar. <\/em>\u201d[3]<\/p>\n<p>Sin embargo, el hombre no solo est\u00e1 expuesto al sufrimiento, no solo es una v\u00edctima, sino que con su voluntad egoc\u00e9ntrica tambi\u00e9n es un perpetrador. Tiene que aprender que no puede alcanzar la felicidad en la Tierra sino que con sus decisiones causa mucha destrucci\u00f3n y da\u00f1o en el mundo y que disfruta de su felicidad a expensas de los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>Todos estos puntos muestran que el hombre no ha encontrado la libertad de la felicidad, sino que es siempre es una \u00ablibertad encadenada\u00bb, dice Kierkegaard, porque la angustia resuena en cada decisi\u00f3n y en cada acci\u00f3n. Es la angustia a ser culpable por haber elegido la voluntad propia y el egocentrismo. Es la conciencia la que nos llama a cambiar de rumbo en cada acci\u00f3n y desde all\u00ed despierta en nosotros una angustia justificada.<\/p>\n<p><strong>El esp\u00edritu perturba nuestro orden<\/strong><\/p>\n<p>Sin embargo, el esp\u00edritu no deja solo al ser humano. Seg\u00fan Kierkegaard, el ser humano es un ser de cuerpo y alma y el esp\u00edritu es el elemento de conexi\u00f3n entre ambos. El esp\u00edritu quiere la s\u00edntesis, quiere establecer la unidad de esp\u00edritu, alma y cuerpo en el ser humano. Por lo tanto, se acerca al ser humano, perturba el orden del cuerpo y del alma y, por lo tanto, vuelve a causar una enorme angustia en el ser humano. Seg\u00fan Kierkegaard, cuanto m\u00e1s admite el ser humano al esp\u00edritu, cuanto m\u00e1s permite que el esp\u00edritu entre en su orden atrincherado, mayor es la angustia del ser humano. Una vez m\u00e1s, se angustia por la \u00abnada\u00bb. El esp\u00edritu que ya no est\u00e1 dormido en nosotros est\u00e1 distante, nos es ajeno, pero al mismo tiempo percibimos su poder. Eso es exactamente lo que nos angustia. Adem\u00e1s, el esp\u00edritu perturba nuestro peque\u00f1o e id\u00edlico mundo de seguridad que hemos construido y al que queremos aferrarnos. Nos vemos obligados a dejarlo ir. As\u00ed, nos enfrentamos a la nada, a un vac\u00edo que nos provoca angustia. Adem\u00e1s, el esp\u00edritu desencadena un proceso de purificaci\u00f3n en nosotros, es decir, primero debemos caminar por un valle de l\u00e1grimas para poder entrar en la Tierra Prometida. \u00bfA qui\u00e9n le gusta descender a las profundidades de su psique y reconocer no solo sus cualidades, sino tambi\u00e9n su egocentrismo y su codicia y, por lo tanto, el dolor que ha infligido a sus semejantes?<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 puede hacer el hombre para llegar a una soluci\u00f3n?<\/p>\n<p><strong>Optar por el esp\u00edritu<\/strong><\/p>\n<p>La respuesta de Kierkegaard es que el ser humano debe alcanzar su ser interior tomando conciencia de lo eterno en s\u00ed mismo y comprender \u00ab<em>que no puede exigir absolutamente nada de la vida y que &nbsp;el espanto, la perdici\u00f3n y la ruina habitan, puerta con puerta, a la vera de todo ser humano<\/em>\u00ab.[4]<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, el hombre debe encontrar la fe. Kierkegaard entiende la fe como una certeza interior de que participamos en lo espiritual. Siguiendo su fe y optando interiormente por el esp\u00edritu, el ser humano puede revertir el salto cualitativo y perder la angustia. Sin embargo, s\u00f3lo aceptando el enorme miedo al poder desconocido de la nada y de no ser nada ante Dios, el Esp\u00edritu puede revelarse en el ser humano, que entonces experimenta la gu\u00eda sustentadora del Esp\u00edritu. No regresa al estado anterior a la ca\u00edda, cuando el esp\u00edritu todav\u00eda dorm\u00eda dentro de \u00e9l, sino con la conciencia del bien y el mal y la aceptaci\u00f3n de la angustia, el sufrimiento y la culpa, el ser humano adquiere discernimiento consciente y, por tanto, madurez.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Referencias<\/strong><\/p>\n<p>[1] Kierkegaard, S\u00f6ren: La enfemedad mortal, Libro primero, cap\u00edtulo 1\u00ba, p\u00e1g. 10, <a href=\"https:\/\/www.academia.edu\/38409029\/La_enfermedad_mortal_S%C3%B8ren_Kierkegaard_PDF\">https:\/\/www.academia.edu\/38409029\/La_enfermedad_mortal_S%C3%B8ren_Kierkegaard_PDF<\/a><\/p>\n<p>[2] Kierkegaard, S\u00f6ren: Der Begriff Angst (El concepto de la angustia), p\u00e1g. 48 <a href=\"https:\/\/ministeriodeeducacion.gob.do\/docs\/biblioteca-virtual\/GyMC-kierkegaard-soren-el-concepto-de-la-angustiapdf.pdf\">https:\/\/ministeriodeeducacion.gob.do\/docs\/biblioteca-virtual\/GyMC-kierkegaard-soren-el-concepto-de-la-angustiapdf.pdf<\/a><\/p>\n<p>[3]&nbsp; ib\u00edd., P\u00e1g. 56<\/p>\n<p>[4]&nbsp; ib\u00edd., P\u00e1g. 122<\/p>\n<p><strong>Literatura:<\/strong><\/p>\n<p>Kierkegaard, S\u00f6ren: Der Augenblick (El instante), Editorial Trotta, 2006, Madrid<\/p>\n<p>Kierkegaard, S\u00f6ren: Der Begriff Angst (El concepto de la angusatia),<\/p>\n<p>Kierkegaard, S\u00f6ren: Die Krankheit zum Tode (La enfermedad mortal).<\/p>\n","protected":false},"author":920,"featured_media":12950,"template":"","meta":{"_acf_changed":false},"tags":[],"category_":[110102],"tags_english_":[],"class_list":["post-91624","logon_article","type-logon_article","status-publish","has-post-thumbnail","hentry","category_-spiritsoul-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/logon.media\/es\/wp-json\/wp\/v2\/logon_article\/91624","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/logon.media\/es\/wp-json\/wp\/v2\/logon_article"}],"about":[{"href":"https:\/\/logon.media\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/logon_article"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/logon.media\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/920"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/logon.media\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/12950"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/logon.media\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=91624"}],"wp:term":[{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/logon.media\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=91624"},{"taxonomy":"category_","embeddable":true,"href":"https:\/\/logon.media\/es\/wp-json\/wp\/v2\/category_?post=91624"},{"taxonomy":"tags_english_","embeddable":true,"href":"https:\/\/logon.media\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags_english_?post=91624"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}