{"id":107024,"date":"2024-01-25T18:15:19","date_gmt":"2024-01-25T18:15:19","guid":{"rendered":"https:\/\/logon.media\/logon_article\/el-fuego-de-prometeo-y-su-origen-solar\/"},"modified":"2024-01-25T18:17:23","modified_gmt":"2024-01-25T18:17:23","slug":"el-fuego-de-prometeo-y-su-origen-solar","status":"publish","type":"logon_article","link":"https:\/\/logon.media\/es\/logon_article\/el-fuego-de-prometeo-y-su-origen-solar\/","title":{"rendered":"El fuego de Prometeo y su origen solar"},"content":{"rendered":"<p>Si investigamos el origen del fuego en los mitos, inevitablemente, daremos con el famoso tit\u00e1n griego Prometeo que, gracias a su atrevida haza\u00f1a, trajo el fuego celestial a la humanidad en la Tierra. Varias historias cuentan de d\u00f3nde tom\u00f3 Prometeo el fuego. En una, rob\u00f3 la llama del taller de Hefesto. En otra, la rob\u00f3 del fuego del hogar del palacio de los dioses en el Olimpo. Y en una tercera, incluso encendi\u00f3 su antorcha directamente sobre el sol [1]. Ya que, al robar el fuego, Prometeo hab\u00eda desafiado una prohibici\u00f3n de Zeus y fue severamente castigado por su acci\u00f3n. Como a un crucificado, Hefesto lo encaden\u00f3 a la cima de una monta\u00f1a en el C\u00e1ucaso. All\u00ed, en el ambiente m\u00e1s hostil, tuvo que soportar, largo tiempo, la rigurosa soledad. Pero esto no fue suficiente martirio. Cada d\u00eda tambi\u00e9n era atacado por un \u00e1guila que devoraba su h\u00edgado con su afilado pico. La parte del h\u00edgado que el \u00e1guila hab\u00eda consumido durante el d\u00eda siempre volv\u00eda a crecer por la noche, de modo que cada nuevo d\u00eda el tormento se repet\u00eda.\u00a0Su sufrimiento solo fue redimido por Heracles, quien mat\u00f3 al \u00e1guila y, \u00a0finalmente, liber\u00f3 a Prometeo de la roca. Desde entonces, como recuerdo, llev\u00f3 en su dedo un anillo engarzado con una piedra de la monta\u00f1a en la que hab\u00eda sufrido durante tanto tiempo [2].<\/p>\n<p><strong>El rebelde del Titanic<\/strong><\/p>\n<p>Casi ninguna figura mitol\u00f3gica de la Antig\u00fcedad fue venerada con m\u00e1s fervor por poetas y pensadores. Ya fueran Goethe, Herder, Schlegel, Nietzsche, Bloch o Marx, todos tomaron partido por Prometeo y lo estilizaron como el mayor m\u00e1rtir y salvador. En efecto, se tiene la impresi\u00f3n de que es \u00abla rebeli\u00f3n contra los dioses lo que hace al ser humano, humano\u00bb [3].\u00a0 Si el tit\u00e1nico rebelde no se hubiera elevado por encima del mandato de Zeus mediante un sacrilegio, hoy seguir\u00edamos sin inspiraci\u00f3n, sin dotes art\u00edsticas, sin cultura, sin artesan\u00eda, sin ciencias, sin poderes intelectuales de la raz\u00f3n. Al menos eso es lo que parece. Pero hay una velada sombra de la gesta prometeica que a\u00fan no hemos recordado. Por muy un\u00e1nimes que sean las opiniones sobre Prometeo, en adelante, debemos guardarnos de contemplar el mito solo a trav\u00e9s de la lente de enfoques interpretativos conocidos, los cuales nos enfrentan solo a una verdad a medias. No cabe duda de que Prometeo es un verdadero benefactor y merece nuestra m\u00e1s profunda simpat\u00eda. Pero las consecuencias que sus dones tienen para la vida humana, el sufrimiento y el conocimiento, solo pueden aclararse si investigamos las im\u00e1genes del mito sin presuposiciones.<\/p>\n<p>Seg\u00fan relata Hes\u00edodo en su Teogon\u00eda, una vez, en Mekone, tuvo lugar una asamblea entre dioses y mortales; una especie de sacrificio primigenio, como modelo acreditado para todas las ofrendas futuras [4]. Se trataba de un solemne arbitraje que deb\u00eda dar testimonio de la relaci\u00f3n que los humanos ten\u00edan con los dioses y tendr\u00edan en el futuro. En este fest\u00edn sacrificial, Prometeo actu\u00f3 como representante de la humanidad y sacrific\u00f3 un toro, intentando, astutamente, dar al pueblo la porci\u00f3n de carne m\u00e1s grande. A los dioses, en cambio, intent\u00f3 engatusarlos con las sobras incomestibles, que a primera vista parec\u00edan m\u00e1s grandes y espl\u00e9ndidas pero que, en realidad, consist\u00edan solo en piel y huesos. Prometeo no estaba interesado en un reparto justo, y mucho menos en un generoso sacrificio de agradecimiento. Al contrario, se puso inequ\u00edvocamente del lado de los humanos y reclam\u00f3 la mejor parte para sus protegidos. Zeus, sin embargo, se dio cuenta del fraude sacrificial y pens\u00f3 en c\u00f3mo vengarse del sacrilegio. Enfadado, decidi\u00f3 retener el fuego para que los humanos nunca lo encendieran. En ninguna parte se dice que Zeus hubiese tenido la intenci\u00f3n de negar el fuego a los humanos y envolverlos en una oscuridad impenetrable para siempre. Solo tom\u00f3 su decisi\u00f3n bas\u00e1ndose en el sacrificio rechazado. Prometeo no podr\u00eda haberse convertido en el heroico portador del fuego si antes no se hubiera arriesgado a la ocultaci\u00f3n continua del fuego mediante el enga\u00f1o del sacrificio.<\/p>\n<p>Las acciones de Prometeo encienden un juego ambiguo. En primer lugar, como reacci\u00f3n a su acto, se niega el fuego a los humanos, solo para que finalmente \u00e9l, de entre todos los seres, lo traiga a los habitantes de la tierra. Estamos ante una extra\u00f1a paradoja, cuya doble cara nos da la clave de la interpretaci\u00f3n. Todo en el mito de Prometeo se reduce a una parad\u00f3jica dualidad: lo que ilumina y lo que oscurece, lo presente y lo ausente, lo oculto y lo escondido, lo dado y lo negado.<\/p>\n<p><strong>El lugar celestial del origen del fuego<\/strong><\/p>\n<p>Prometeo revela el fuego a la humanidad, pero al mismo tiempo el fuego tambi\u00e9n oculta algo. El fuego oculta su propia fuente, el lugar celestial de su origen, el sol. Al olvidarse el origen solar del fuego, tambi\u00e9n se desvanece el recuerdo de los dioses. Y sin recuerdo, el agradecimiento tambi\u00e9n se desvanece. Y en la medida en que disminuye la gratitud, aumenta tambi\u00e9n la ambici\u00f3n de poder. Como resultado, las ofrendas se acaban finalmente. Los humanos se limitan a repartirlo todo entre s\u00ed de forma interesada, sin reconocer, y mucho menos apreciar, el origen solar de sus dones. Por lo que \u00abofrenda\u00bb en este sentido no significa un sacrificio de sangre, sino \u201csacrificio\u00bb (del lat\u00edn <em>sacrificium<\/em>) en el sentido de \u00abacto sagrado\u00bb [5]. Este es precisamente el punto decisivo: que el ser humano, que est\u00e1 dotado del poder del fuego, no debe hacer mal uso de las creaciones que realiza con \u00e9l, ni de los frutos del conocimiento que, a trav\u00e9s de \u00e9l, obtiene para sus propios fines, sino que, mediante sus acciones, debe considerar c\u00f3mo sus logros pueden servir a toda la creaci\u00f3n. Pero el Prometeo desencadenado rechaza el sacrificio. An\u00e1logamente, el ser humano, embriagado por sus propias capacidades, comienza a explotar la naturaleza y con ella a sus hermanas y hermanos. Deseoso del poder del fuego desenfrenado, el hombre rechaza la medida sana y su uso prudente.<br \/>\nEste es el peligro que surge cuando examinamos correctamente el mito y, al mismo tiempo, la tarea que se plantea con el signo del fuego. Y esta es, al fin y al cabo, la raz\u00f3n por la que Prometeo debe ser \u201cmoldeado\u00bb en la roca por orden de Zeus. El tormento que Prometeo tiene que soportar parece injusto e indignante. Pero si lo entendi\u00e9ramos, no como una condena moral de un castigo implacable, sino como un profundo s\u00edmbolo, podr\u00eda ser una ineludible llamada de advertencia. La esclavitud del C\u00e1ucaso es una medida necesaria para el esp\u00edritu prometeico que, sin un l\u00edmite, se extender\u00eda hasta el infinito y lo sumir\u00eda todo en un fatal olvido. El olvido es ciertamente necesario e inevitable al principio. En la tragedia de Esquilo, <em>Prometeo,<\/em> el h\u00e9roe, se jacta de haber cerrado los ojos de la humanidad \u00aba su destino\u00bb y de, en su lugar, haber implantado una \u00abesperanza ciega\u201d.[6] El hecho de que los humanos no conozcan de antemano su destino, de que la hora de su muerte le sea desconocida, todo ello puede ser un consuelo esperanzador que hace que quedarse ciego parezca un regalo. Sin embargo, no se puede negar que el alivio que experimentan las personas por no conocer el destino, proyecta una poderosa sombra que espera, en secreto, ser iluminada. La sincera mirada de la verdad acerca de las conexiones del destino, en las profundidades del alma, en los abismos de las sombras, en los or\u00edgenes, todo esto no debe permanecer cerrado para siempre. Por eso, Zeus quiere preparar un re-cuerdo por medio de la esclavitud, un re-cuerdo que nace de un cuestionamiento valiente, una pausa de escucha,\u00a0una percepci\u00f3n purificada, un poder de pensamiento equilibrado, una devota disposici\u00f3n al sacrificio.<\/p>\n<p><strong>Arquetipo del ser humano impulsivo<\/strong><\/p>\n<p>El nombre de Prometeo se traduce como: \u00abel que piensa hacia adelante\u00bb. Aqu\u00ed se revela el punto d\u00e9bil del tit\u00e1n, ya que, como pensador, proyectado siempre hacia adelante, nunca se detiene a reflexionar sobre el efecto de sus actos. Prometeo se convierte as\u00ed en el arquetipo del ser humano impulsivo e inquieto que olvida sensiblemente el d\u00eda del sol, el s\u00e9ptimo d\u00eda de la creaci\u00f3n, en el que Dios descans\u00f3. Prometeo, -antes de convertirse en el clarividente tit\u00e1n- nunca descansa por voluntad propia, permanece incansablemente a merced de su impulso creador. Sin l\u00edmites, se precipitar\u00eda de acto en acto, de idea en idea, de pensamiento en pensamiento, en un frenes\u00ed. Por eso, solo puede ser liberado de la roca por el acto heroico de Heracles, cuando ha interiorizado la medida apol\u00ednea y su fuego ya no se interpone en el camino del sol, oscureci\u00e9ndolo. El \u00e1guila, que cada d\u00eda de nuevo roe dolorosamente el h\u00edgado de Prometeo, debe entenderse en este sentido: es la agresi\u00f3n no reconocida y destructora de su propio pensamiento desenfrenado lo que aflige al \u00f3rgano de la desintoxicaci\u00f3n. Dado que el h\u00edgado, en la antig\u00fcedad, se consideraba la sede de la vitalidad, el \u00e1guila tambi\u00e9n nos recuerda que el fuego excesivo est\u00e1 a punto de destruir las preciosas fuerzas vitales.<\/p>\n<p>Prometeo quiere iluminarlo y dominarlo todo por medio del fuego y ni siquiera se da cuenta de lo que la sombra destructiva provoca en el proceso. Por eso su intercesor, Okeanos, le advierte: \u00abCon\u00f3cete a ti mismo; transf\u00f3rmate en una nueva especie\u00bb [7]. Prometeo solo se reconoce verdaderamente cuando considera la sombra del fuego, (que vuela hacia \u00e9l en forma de \u00e1guila) y transforma as\u00ed su propio ser. El \u00abcon\u00f3cete a ti mismo\u00bb solo se hace humanamente posible a trav\u00e9s de la moderaci\u00f3n del fuego. Y moderaci\u00f3n, en este caso, no significa otra cosa que dar un paso al lado. Solo cuando el fuego libera el espacio y ya no deslumbra los ojos humanos con su luz insolente, la percepci\u00f3n purificada se abre y permite que el misterio del sol salga al descubierto. Solo entonces puede hacerse realmente audible la llamada del Okeanos a una transformaci\u00f3n, una llamada a la transformaci\u00f3n que se dirige a todos nosotros.<\/p>\n<p><strong>El claro, lo abierto<\/strong><br \/>\nEn resumen, volvamos a una esquiva paradoja. A trav\u00e9s del fuego, la luz se enciende y se apaga al mismo tiempo. Cuanto m\u00e1s se desvela esta dicotom\u00eda, m\u00e1s nos acercamos a la consigna de Apolo: \u00abCon\u00f3cete a ti mismo\u00bb. O dicho con palabras de Martin Heidegger: [8]<\/p>\n<blockquote><p><em>\u00abA trav\u00e9s del fuego, el ser entra en el desvelamiento. Todo ser se hace visible como ser presente, pero el ser mismo cae en el olvido, permanece impensado y, en consecuencia, en la ocultaci\u00f3n. Sin embargo, el ser ya est\u00e1 iluminado antes del acto de Prometeo. Solo que permanece oculto -aunque iluminado- precisamente a causa del fuego. Pues la luz puede invadir el claro. Este est\u00e1 abierto, deja que en \u00e9l la luz juegue con la oscuridad. Pero la luz nunca crea el claro en primer lugar. El claro es la apertura a todo lo que est\u00e1 presente y ausente. [9]<\/em><\/p>\n<p><em>El claro existe antes de que la luz del fuego lo ilumine. El fuego hace visible lo que est\u00e1 presente en el claro, (lo que existe), pero no crea por s\u00ed mismo la apertura. La apertura -porque se ilumina con demasiada intensidad- retrocede detr\u00e1s del ser y, por tanto, permanece impensada. El ser solo se abre en su ser cuando el claro vuelve a sernos perceptible como lo abierto. A ello apunta tambi\u00e9n el poeta Friedrich H\u00f6lderlin cuando escribe: \u00ab\u00a1Ven a lo abierto, amigo!\u00bb. [10] Para que tenga lugar este anhelado movimiento hacia lo abierto, es necesario -hablando con las im\u00e1genes del mito- distinguir entre el fuego prometeico y su origen solar. El sol m\u00edtico no es simplemente una fuente de luz que hace aparecer lo existente, sino que se\u00f1ala el espacio primordial despejado y abierto, despeja el claro, lo hace libre y luminoso.\u201d<\/em><\/p><\/blockquote>\n<p>Quien sale conscientemente a la luz, se experimenta a s\u00ed mismo con las cosas en un espacio-mundo com\u00fan. El fuego prometeico, por s\u00ed solo, no basta para hacer posible esta experiencia. El coraz\u00f3n es la sede del sol en el ser humano. \u00bfQu\u00e9 significa ser prudente? Significa concederse tiempo, darse espacio, hacer una pausa, apartarse, entregarse, para que el coraz\u00f3n se ensanche y, en su expansi\u00f3n, sienta \u201clo abierto\u201d de forma iluminadora. Quienes utilicen de esta manera el \u00f3rgano solar para el pensamiento sensible, liberar\u00e1n a Prometeo de la roca y lo librar\u00e1n de su sacrificio. Todas las cosas est\u00e1n en peligro, pero en la contemplaci\u00f3n prudente pueden salvarse y transformarse. Es decir, siempre que ya no percibamos las cosas con la mirada del coraz\u00f3n como aisladas unas de otras, sino como cosas que son y solo pueden ser porque -como todo y todos nosotros- est\u00e1n enraizadas en la apertura iluminada de la existencia. Ah\u00ed reside el secreto del esp\u00edritu de fuego solar que llama a todo y a todos nosotros a la existencia. Cuando este pensamiento despierta en nuestros corazones con la suave luz de la ma\u00f1ana, empezamos a sospechar qu\u00e9 poderes tan tremendos, pero al mismo tiempo tan maravillosos, laten en el fuego.<\/p>\n<blockquote><p>Esta es mi esperanza cuando realmente empezamos lo que es,<br \/>\nLo que deseamos, y nuestras lenguas finalmente se desatan,<br \/>\nY la palabra se encuentra, y nuestros corazones se levantan y se alejan,<br \/>\nY las cavilaciones escapan de una frente m\u00e1s ebria,<br \/>\nComo el cielo en floraci\u00f3n, con la misma hora primera que la nuestra,<br \/>\nabre a la clara mirada el luminoso devenir.<br \/>\n(H\u00f6lderlin, <em>Paseo por el campo) <\/em><\/p><\/blockquote>\n<h4>Referencias<\/h4>\n<p>Karl Kerenyi: Die Mythologie der Griechen, Band I: Die G\u00f6tter- und Menschheitsgeschichten <em>La mitolog\u00eda de los griegos. Volumen 1: Las historias de los dioses y la humanidad. <\/em>M\u00fanich 1966, p. 171.<\/p>\n<p>[2] El papel desempe\u00f1ado en este contexto por Epimeteo, el hermano de Prometeo, Pandora, Aquiles, Quir\u00f3n, Dioniso y Pers\u00e9fone no puede tratarse en este art\u00edculo. Tampoco debe examinarse el papel de Prometeo como creador de los seres humanos. Solo cabe mencionar que fue la diosa Atenea quien anim\u00f3 los cuerpos de tierra y les insufl\u00f3 alma y esp\u00edritu. Cf. al respecto Martin Spura: <em>Das verweigerte Opfer des Prometheus (El sacrificio rechazado de Prometeo),<\/em> cap\u00edtulo 2.<\/p>\n<p>[3] NZZ 2.12.2020, Thomas Ribi: Am Anfang der menschlichen Kultur steht ein Frevel. (<em>Al comienzo de la cultura humana hay una indignaci\u00f3n)<\/em><\/p>\n<p>[4] Hes\u00edodo, Teogon\u00eda, verso 535.<\/p>\n<p>[5] Sobre la \u00abesencia del sacrificio\u00bb, v\u00e9ase Martin Spura: <em>Das verweigerte Opfer des Prometheus (El sacrificio rechazado de Prometeo)<\/em>, cap. IV. 4.2.<\/p>\n<p>[6] Esquilo: <em>Prometeo encadenado<\/em>, verso 248.<\/p>\n<p>[7] Esquilo, ib\u00eddem, verso 309 y ss.<\/p>\n<p>[8] Martin Spura, ib\u00eddem, especialmente los cap\u00edtulos 2, 4 y 7.<\/p>\n<p>[9] Martin Heidegger: <em>Zur Sache des Denkens, Das Ende der Philosophie und die Aufgabe des Denkens, Max Niemeyer, \u00a0(Sobre la cuesti\u00f3n del pensar. El fin de la filosof\u00eda y la tarea de pensar).<\/em> Tubinga 1969, p. 72.<\/p>\n<p>[10] H\u00f6lderlin: <em>Der Gang aufs Land (El paseo por el campo)<\/em><em><br \/>\n<\/em><\/p>\n","protected":false},"author":925,"featured_media":100397,"template":"","meta":{"_acf_changed":false},"tags":[],"category_":[110076],"tags_english_":[],"class_list":["post-107024","logon_article","type-logon_article","status-publish","has-post-thumbnail","hentry","category_-livingpast-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/logon.media\/es\/wp-json\/wp\/v2\/logon_article\/107024","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/logon.media\/es\/wp-json\/wp\/v2\/logon_article"}],"about":[{"href":"https:\/\/logon.media\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/logon_article"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/logon.media\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/925"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/logon.media\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/100397"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/logon.media\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=107024"}],"wp:term":[{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/logon.media\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=107024"},{"taxonomy":"category_","embeddable":true,"href":"https:\/\/logon.media\/es\/wp-json\/wp\/v2\/category_?post=107024"},{"taxonomy":"tags_english_","embeddable":true,"href":"https:\/\/logon.media\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags_english_?post=107024"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}