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	<title>Tiempos modernos &#8211; LOGON</title>
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	<description>An online magazine with articles about spiritual development</description>
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	<title>Tiempos modernos &#8211; LOGON</title>
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	<item>
		<title>Reconocimiento</title>
		<link>https://logon.media/es/logon_article/reconocimiento/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Juan]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 20 May 2026 19:20:27 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[El reconocimiento no dependía de una comprensión total. Dependía de la resonancia. Algunos encuentros no se presentan como decisivos. No hay sensación de conversión, ni ruptura dramática con el pasado, ni cambio externo de identidad. La vida sigue. Las responsabilidades permanecen. Sin embargo, algo cambia en el interior —en silencio, casi imperceptiblemente— y, a partir [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><em>El reconocimiento no dependía de una comprensión total. Dependía de la resonancia.</em><br />
<span id="more-127455"></span></p>
<p>Algunos encuentros no se presentan como decisivos.</p>
<p>No hay sensación de conversión, ni ruptura dramática con el pasado, ni cambio externo de identidad. La vida sigue. Las responsabilidades permanecen. Sin embargo, algo cambia en el interior —en silencio, casi imperceptiblemente— y, a partir de ese momento, nada vuelve a ser del todo igual.</p>
<p>El escenario físico hace tiempo que ha pasado a un segundo plano. Era una habitación corriente, sin adornos y funcional. No se había creado ningún ambiente que inspirara devoción. Ningún símbolo reclamaba la atención. Había una Biblia abierta y se leyeron las palabras.</p>
<p>Lo que permanece vívido no es la habitación, ni siquiera las frases pronunciadas aquella noche.</p>
<p>Lo que permanece es el reconocimiento.</p>
<p>La enseñanza no pretendía persuadir. No apelaba a una identidad heredada ni exigía lealtad. Se desarrollaba de forma mesurada y coherente.</p>
<p>Y algo en mi interior respondió.</p>
<p>El acuerdo puede nacer de la razón y, por la razón, puede volver a desaparecer. La admiración puede depender de la personalidad o de la apariencia. El reconocimiento funciona de otra manera.</p>
<p>No parecía tanto el descubrimiento de algo nuevo como el encuentro con algo que se intuía desde hacía tiempo, pero que nunca se había expresado plenamente. La búsqueda hasta ese momento había sido sincera. No faltó estudio, exploración, inmersión en ideas que prometían profundidad y orden. Había una atracción por las formas de vida organizadas, por la posibilidad de que la vida pudiera moldearse según principios más que según impulsos.</p>
<p>Sin embargo, cada sistema, por muy significativo que fuera, conllevaba niveles: historia cultural, forma institucional, identidad colectiva. Estas sostienen a las comunidades y preservan la continuidad. En mi interior, sin embargo, la pregunta fue cambiando poco a poco. Pasó de ser una cuestión de identidad a una cuestión de verdad.</p>
<p>El reconocimiento respondió a ese cambio.</p>
<p>No exigía ninguna afiliación previa. No insistía en la identidad antes de la comprensión. Se basaba en la coherencia.</p>
<p>Había una sencillez en lo que ocurría, despojada de todo exceso. Nada se interponía entre la enseñanza y el oyente. No había espectáculo. Ni presión emocional. Sin expectativa de identificación grupal como condición para participar.</p>
<p>El efecto era encantador.</p>
<p>Había paz: la paz de la armonía. Había claridad: algo que encajaba en su sitio. Había autoridad sin dominación.</p>
<p>Era como volver a casa.</p>
<p>Un hogar es más que familiaridad; es un lugar donde uno se encuentra sin conflictos internos. En ese encuentro, lo que se abordaba era algo más profundo que la biografía o los antecedentes. La enseñanza no abrumaba ni competía. Había conexión.</p>
<p>La palabra utilizada para describir este lugar era «escuela».</p>
<p>Solo más tarde quedó clara la profundidad de esa palabra. Una escuela implica aprendizaje, paciencia y disciplina. Da por sentado que la comprensión se desarrolla gradualmente y que el crecimiento requiere una participación constante. Sugiere que lo que comienza con el reconocimiento debe continuar con el esfuerzo.</p>
<p>Sin embargo, en ese primer momento, nada de esto se pensó.</p>
<p>El reconocimiento fue lo primero.</p>
<p>La explicación vino después.</p>
<p>Con el tiempo, se hace evidente que el reconocimiento difiere del entusiasmo. El entusiasmo puede surgir de la novedad y disminuir cuando esta se desvanece. El reconocimiento perdura. Se mantiene a través de las preguntas, de la rutina, de la decepción y del cansancio. Se pone a prueba con el tiempo y, si es genuino, se intensifica en lugar de disminuir.</p>
<p>Los años traen complejidad. La vida rara vez se simplifica. Las responsabilidades se amplían. Las corrientes culturales cambian. El discurso público se hace más fuerte. La identidad se convierte en el centro de casi todas las conversaciones, y las creencias suelen enmarcarse en términos de pertenencia.</p>
<p>En un ambiente así, la claridad puede verse oscurecida.</p>
<p>El reconocimiento proporciona orientación.</p>
<p>La orientación es el conocimiento silencioso de la dirección en que se va, incluso cuando el terreno es irregular. Sin ella, cada dificultad se percibe como algo desestabilizador. Con ella, la dificultad se convierte en algo enriquecedor. Las preguntas siguen surgiendo, pero ya no socavan los cimientos.</p>
<p>La confianza crece a partir de esta continuidad.</p>
<p>Confianza en la coherencia. Confianza en la conexión. Confianza en que el reconocimiento inicial no fue una proyección ni un estado de ánimo, sino una respuesta.</p>
<p>La pertenencia en este sentido es direccional. Pertenece a un principio más que a la personalidad. Pertenecer a un grupo puede ofrecer tranquilidad; pertenecer a un principio exige un trabajo interior. Invita a la transformación.</p>
<p>Esa invitación nunca fue impuesta.</p>
<p>Surgió del reconocimiento.</p>
<p>Con el tiempo, lo que al principio parecía sencillo reveló profundidad. Lo que parecía claro exigía responsabilidad. La comprensión se fue desarrollando gradualmente a través de la experiencia vivida más que de la reflexión abstracta.</p>
<p>Los cimientos, sin embargo, permanecieron constantes.</p>
<p>El reconocimiento no dependía de una comprensión completa.</p>
<p>Dependía de la resonancia.</p>
<p>Los impulsos espirituales surgen de muchas formas: a través de la tradición, el servicio, la contemplación o el estudio. El reconocimiento es algo personal. Cuando se produce, tiene una cualidad distintiva. No se dramatiza. No insiste. Se mantiene firme, sin forzar, con una autoridad silenciosa.</p>
<p>Quizás eso es lo que muchos buscan ahora. En una cultura saturada de mensajes y afirmaciones contradictorias, existe un anhelo por algo que se mantenga sin adornos, algo lo suficientemente transparente como para permitir un encuentro auténtico.</p>
<p>El reconocimiento no se puede fabricar.</p>
<p>No se puede argumentar para que exista.</p>
<p>Solo se puede experimentar.</p>
<p>Y una vez experimentado, moldea silenciosamente una vida.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>La Sabiduría Rosacruz y la sociedad moderna (parte 1)</title>
		<link>https://logon.media/es/logon_article/la-sabiduria-rosacruz-y-la-sociedad-moderna-parte-1/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Juan]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 25 Feb 2026 17:51:54 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[A lo largo del tiempo, el ser humano ha construido faros mágicos para escapar de las tormentas de la vida, jugando con la arquitectura terrenal, los sueños y las utopías. ¡Cuántas revoluciones han intentado detener las manillas del tiempo, para labrarse un nicho de eternidad! ¿Cuántos naufragios ha habido en busca de ciudades del Sol [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>A lo largo del tiempo, el ser humano ha construido faros mágicos para escapar de las tormentas de la vida,<br />
<span id="more-125998"></span><br />
jugando con la arquitectura terrenal, los sueños y las utopías. ¡Cuántas revoluciones han intentado detener las manillas del tiempo, para labrarse un nicho de eternidad! ¿Cuántos naufragios ha habido en busca de ciudades del Sol inexistentes? Los nuevos mundos no son más que copias del mismo mundo, como bien sabían los gnósticos desde el comienzo.</p>
<p>El ser humano desilusionado y perdido de hoy, ya no tiene linternas mágicas de quimeras que puedan atravesar el océano oscuro, sino que intenta quemar en el brasero de la negación todo valor trascendente, toda antigua costumbre, como en la sucesión de antiguas dinastías chinas, quedando bajo un cielo vacío, en agonizante soledad.</p>
<p>La falsa rebelión anima a superar el <em>Taedium Vitae</em> que le asalta a la gente común que quisiera pasar página, pero que permanecen completamente identificados con el condicionamiento y los mecanismos inconscientes de la personalidad. Desmantelar la propia personalidad, liberar los circuitos cerebrales de todo lo que la cultura les ha inculcado, ir contra la corriente del pensamiento común o contra los hábitos, silenciar el ego, es un esfuerzo condenado al inevitable fracaso, sin tener a la vista un camino hacia el renacimiento: ese viaje al centro de la tierra, el acróstico V.I.T.R.I.O.L., que puede interpretarse, según Servier, como:</p>
<blockquote><p>«<em>Desciende a las profundidades de ti mismo y encuentra el núcleo invisible sobre el que puedes construir un nuevo ser humano</em>».</p></blockquote>
<p>Un viaje que puede conducir a Santiago de Compostela, como el que realizó Nicolás Flamel, o el del capitán Cook, que descubrió islas y archipiélagos uno tras otro, muriendo en el último puerto, en la isla de Sandwich. Una muerte que debe entenderse como muerte mística. Un viaje hacia el interior de uno mismo, ya que el conocimiento del mundo exterior pasa por el conocimiento del mundo interior.</p>
<p>Eliade recuerda que en la alquimia oriental:</p>
<blockquote><p>«<em>La búsqueda del elixir estaba vinculada a la búsqueda de islas lejanas y misteriosas</em>».</p></blockquote>
<p>Cuando el ego se atrinchera confortablemente en su torre de marfil, una fuerza inconsciente, amoral y arcaica irrumpe , lo que  provocará una profunda sensación de desorientación. Un escenario de sufrimiento y dolor que une tanto al nihilista como a quienes emprenden un viaje espiritual.</p>
<p>El punto de partida es el mismo, pero el nihilista se detendrá al borde del abismo, sucumbiendo al laberinto de la psique inconsciente, mientras que el verdadero viajero, cuyo objetivo son los objetivos del Sí mismo, verá aparecer el arco iris, como en el admirable grabado de Durero «<em>Melancolía</em>» (1514). Una señal que indica las numerosas transformaciones de la personalidad, que aparece bajo diferentes luces, seguidas de estados de ánimo en constante cambio.</p>
<p>La película de Wim Wenders «<em>Perfect Days</em>» intenta abrirse paso en este mundo de ruinas. Jean Cocteau dijo:</p>
<blockquote><p>«<em>El cine es la moderna escritura cuya tinta es la luz</em>».</p></blockquote>
<p>Una mezcla de luces que se combinan hábilmente en la película que nos ocupa y que recuerda los colores de las tablas alquímicas del «Splendor Solis» de Salomón Trismosin.</p>
<p>Pasamos de la oscuridad de la noche, <em>Nigredo</em> (muerte mística), a las luces del amanecer, <em>Albedo </em>(obra blanca), hasta un final de resurrección, en el que un sol rojo reina en el cielo, representando la <em>Rubedo</em> (renacimiento). El protagonista pasa por todas estas fases sin dejarse arrastrar por un Tokio alienante, donde los rascacielos se elevan contra el cielo inaccesible y donde el dinero adquiere un lugar privilegiado: el equipo de béisbol gana porque tiene más dinero, el amor se conquista con dinero. Todo está podrido, desprovisto de valores, pero el protagonista no se desanima. Empezando por las cosas más pequeñas, intenta elevar su mercurio filosófico a través de la lectura, la poesía y la música, para desprenderse de una trágica vida cotidiana y de un trabajo que consiste en limpiar lavabos públicos. Pero, sobre todo, descubre lo que significa vivir sin un ego ávido y conflictivo: la poesía ya es una fuente de transformación.</p>
<p>La etimología de la palabra <em>poeta,</em> en el lenguaje de Safo y Alceo, significa «yo doy forma, yo construyo, yo creo». Para Henry de Vaughan, poeta y hermano del alquimista rosacruz Tomás, la poesía significa la búsqueda de una inocencia vigilante capaz de percibir la luz eterna, a través de la evocación de analogías que conectan el mundo de las apariencias y la finitud.</p>
<p>Finalmente, se produce el encuentro con “la sombra”, con esa angustia sin resolver que escondemos en nuestros polvorientos cajones y que no debe esquivarse, sino integrarse, superarse, sabiendo captar el mensaje que transmite.</p>
<p>El nihilismo del tercer milenio, que se disfraza de libertario y hedonista, crea en realidad una tiranía de los deseos, un automatismo entendido como dependencia de los bienes materiales y tecnológicos. Los centros comerciales se convierten en los verdaderos <em>idola tribus</em> de nuestra época. Un lugar de encuentro dominical para las familias. Desear es una actividad pasiva, porque no es un deseo de dar, sino un deseo de tener. Su objetivo es desplazar el centro de uno mismo fuera de uno mismo y está subordinado a la urgencia de la satisfacción. El deseo nos aleja de la voz de nuestra alma, que llama desesperadamente en las mazmorras de nuestro ser. El escritor Francis Scott Fitzgerald intuye la naturaleza ilusoria de la red de deseos que tejen los individuos:</p>
<blockquote><p><em>«El deseo es un engaño. Es como un rayo de sol que deambula por la habitación.</em></p></blockquote>
<p><em>Se detiene y cubre de oro un objeto insignificante, y nosotros, pobres necios, intentamos atraparlo, pero cuando lo conseguimos, el rayo se desplaza hacia otra cosa y nos quedamos con la parte insignificante en nuestras manos, mientras que el destello que nos hizo desearlo ya se ha desvanecido».</em></p>
<p>Mientras estemos atados por mil apegos, estaremos agitados e infelices.</p>
<p>Catharose De Petri insta a ello:</p>
<blockquote><p>«<em>No dejes que tu alma sea sensible a los estados de ánimo del ser natural.</em><br />
<em>Mantente más allá de la alegría y el dolor. Si te dejas arrastrar por toda la vorágine del tiempo, ¿cómo puedes formar parte de la eternidad?</em>».</p></blockquote>
<p>El ser humano moderno, siempre conectado a la red, ya no está conectado a los hilos de la consciencia que Ariadna, el alma, le ofrece para no perderse en los laberintos internos.</p>
<p>En las megaciudades, las personas, en un estado de agitación perpetua, van y vienen como hormigas en el hormiguero sin ser conscientes de sus sentimientos, sus acciones y los resultados de sus actividades.</p>
<p>William Blake, poeta y pintor, comprendió que las «oscuras fábricas de Satanás» del paisaje industrial contemporáneo, se construyeron a imagen y semejanza de una filosofía mecanicista que esclaviza a los seres humanos y aniquila el alma. En una era de epidemias como la que estamos viviendo, la moralidad económica burguesa que venera la santificación de la producción, insinúa sutiles mensajes darwinistas:</p>
<p>«Muchos de nosotros sucumbiremos, especialmente los más frágiles, pero resurgiremos más fuertes y preparados para producir».</p>
<p>En el libro de Marco Revelli «<em>Umano Inumano Postumano</em>» (<em>Humano, Inhumano, Posthumano</em>), se menciona un episodio significativo que ocurrió durante la epidemia del covid:</p>
<blockquote><p>«<em>Daniel Loeb, de Third Point, y Stephen Schwarzman, de Blackstone, se convirtieron en  habituales de las teleconferencias casi diarias del presidente durante el pico de la epidemia, cuando las fosas comunes se llenaban en  Nueva York, en Hart Island, la isla de los muertos, para asegurarse de que se mantuviera firme en la idea de que no estamos hechos para quedarnos quietos y de «meter en vereda» a esos cobardes gobernadores que escuchaban obstinadamente a los científicos y cerraban las fábricas</em>»</p>
<p>(tomado del Washington Post, 24/03/2020).</p></blockquote>
<p>En esta breve descripción de los males que afligen a la sociedad moderna, no se puede pasar por alto la pérdida del sentido de lo maravilloso, el asombro.</p>
<p>Especialmente después de la Segunda Guerra Mundial, este realismo, tan querido por las burocracias progresistas de Oriente, triunfó:</p>
<blockquote><p>«<em>El primer tractor llega al pueblo</em>»</p></blockquote>
<p>era uno de los titulares recurrentes en la prensa.</p>
<p>Hoy en día, sin embargo, las fluctuaciones del PIB cobran mayor importancia. Vivimos en el caos descrito por Meyrink en su novela <em>La noche de Walpurgis</em>, donde los protagonistas pierden su individualidad, reducidos a sobrevivir solo a través de una serie de actos repetitivos, sin buscar nunca nada más elevado.</p>
<p>Algunos psicólogos hablan de la «represión de lo sublime» cuando se cierra la puerta espiritual, dando más importancia a la mente concreta y utilizando más el lado izquierdo del cerebro.</p>
<p>En nombre de la ciencia y de una filosofía definida como racional, la sociedad moderna pretende excluir cualquier misterio del mundo. El racionalismo, como creencia en la supremacía de la razón, proclama un verdadero dogma, negando todo lo que pertenece al orden supraindividual y a la intuición intelectual pura.</p>
<p>El sentido común cartesiano excluye la intervención de influencias espirituales en lo que se denomina «vida ordinaria».<br />
En este, bien engrasado, mecanismo de relojería que pretende marcar cada momento de nuestro día, los asesinos de la magia matan, entre bastidores, al hipogrifo alado que yace dentro de nosotros y que puede conectarnos con cielos más puros.</p>
<blockquote><p>«<em>Dentro de cada hombre hay un niño muerto</em>»,<br />
dice Curzio Malaparte.</p></blockquote>
<p>La capacidad de asombro es típica de la infancia, cuando  el alma es capaz de captar fragmentos del alma en Unidad.</p>
<p>En la muralla china que nos rodea, aún pueden abrirse grietas. El océano de lo desconocido rompe sus olas contra la vida cotidiana: puede ser un libro que se abre por una página que había sido ignorada y revela significados importantes que no se habían percibido; pueden ser flores de hielo que se forman en el cristal de la ventana, dibujando patrones como joyas finamente labradas, pueden ser mensajes enviados por el alma del mundo; puede ser una sinfonía celestial que conecta con otras dimensiones; pueden ser sueños que indican un camino espiritual a seguir.</p>
<p>La ley de Hermes</p>
<blockquote><p>«<em>Quod Superior Sicut Est Inferior</em>», (<em>Como es arriba es abajo</em>)</p></blockquote>
<p>que resume la transición de la esfera del aire &#8211;<em>Superior-</em> a la esfera inferior de las aguas del devenir (y viceversa), es retomada por Arthur Osborne:</p>
<blockquote><p>«<em>Así como una esponja se impregna del aire, el agua y los componentes químicos de su entorno,</em><br />
<em>también nuestros cuerpos se impregnan de la materia sutil de los planos inferiores</em>»<br />
(“El significado de la existencia personal”).</p></blockquote>
<p>Pero estos son solo ecos lejanos de los que los seres humanos solo pueden captar fragmentos.</p>
<p>En el <em>Corpus Hermeticum</em> está escrito que nuestra personalidad, con la que nos identificamos, no es solo terrenal, sino que también pertenece al zodíaco. El sistema zodiacal gobierna nuestras vidas, y nuestra personalidad está determinada por él. La personalidad que habitamos existe gracias a las doce actividades del zodíaco. Doce signos que representan doce vicios. En realidad, son doce imperfecciones que representan doce vicios, es decir, algo que aún no se ha convertido en virtud.</p>
<p>El camino hacia la liberación implica, por lo tanto, abandonar la rueda del zodíaco, la «rueda de la vida y la muerte», tal y como está escrito en una tablilla órfica del siglo IV a. C. La liberación comporta tejer la vestimenta nupcial dorada entre el alma y el espíritu.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Semills al Sol</title>
		<link>https://logon.media/es/logon_article/semills-al-sol/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Juan]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 22 Jan 2026 07:19:52 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[«Ningún hombre es una isla, completo en sí mismo; cada hombre es un pedazo del continente, una parte del todo». John Donne (1572-1631) A veces me despierto con ideas en la cabeza. Vienen en forma de una sola palabra, una frase, una imagen. Hoy he visto un trigal dorado bailando al viento, bajo el sol. [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><em>«Ningún hombre es una isla, completo en sí mismo; cada hombre es un pedazo del continente, una parte del todo».</em></p>
<p>John Donne (1572-1631)<br />
<span id="more-124751"></span></p>
<p>A veces me despierto con ideas en la cabeza. Vienen en forma de una sola palabra, una frase, una imagen. Hoy he visto un trigal dorado bailando al viento, bajo el sol.</p>
<p>Una chispa de pensamiento-sentimiento brotó con la palabra «semilla». Me quedé con la sensación de que, por frágiles que sean, como todas las semillas que brotan en busca de la luz del sol, multiplican su fuerza por cien cuando se exponen juntas a esa luz. Al contemplar la armoniosa danza de las espigas de trigo, sentí que la multitud de semillas conocía su fuerza.</p>
<p>Imagino que el núcleo de nuestro ser solo sobrevive cuando busca su energía trascendente de forma armoniosa, cuando se conecta con el núcleo del ser de los demás con los que nos encontramos en nuestra vida diaria. «¡Namaste!». [1] De esta manera, el Dios que hay en mí saluda al Dios que hay en ti.</p>
<p>El poeta metafísico John Donne dijo: «¡Ningún hombre es una isla!». Su contemporáneo, William Shakespeare (1564-1616), nos lanza un desafío cuando proclama en Hamlet: «¡Ser o no ser! Esa es la cuestión».</p>
<p>Entonces comprendí que somos verdaderamente nosotros mismos cuando nos damos cuenta de nuestra interacción trascendente con otros seres. Es una conexión esencial: un intercambio que hace crecer la Luz de nuestra esencia.</p>
<p>Trae este sentimiento-pensamiento de aquí y ahora, en estos tiempos de redes sociales y contactos interpersonales ligeros y rápidos, imagino que el conductor de Uber, con quien tengo un contacto muy breve, contiene una esencia que conversa con la mía. Juntos, somos semillas al sol. Y en el sol, nuestras esencias, brillantes, crecen felices, intercambiando chispas que nos enriquecen con cada palabra o silencio. En esos momentos, somos verdaderamente Seres Humanos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Referencias</strong></p>
<p>[1]“Te saludo, me inclino ante ti”, en sánscrito. (Nota del traductor)</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Descalzo camino del sol</title>
		<link>https://logon.media/es/logon_article/descalzo-camino-del-sol/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Juan]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 21 Oct 2025 15:08:30 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Buscad y encontraréis Cuando el mundo haya dormido la embriaguez de su copa venenosa y soporífera y, temprano por la mañana, pueda ir hacia el sol naciente con el corazón abierto, la cabeza descubierta y descalzo, alegre y jubiloso [1]. En el texto rosacruz Confessio Fraternitatis (1615) este grito de júbilo expresa la completa superación [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><em>Buscad y encontraréis </em></p>
<blockquote><p><em>Cuando el mundo haya dormido la embriaguez de su copa venenosa y soporífera y, temprano por la mañana, pueda ir hacia el sol naciente con el corazón abierto, la cabeza descubierta y descalzo, alegre y jubiloso </em>[1].<br />
<span id="more-122255"></span></p></blockquote>
<p>En el texto rosacruz <em>Confessio Fraternitatis</em> (1615) este grito de júbilo expresa la completa superación de la extrañeza en un mundo caracterizado por la división, el odio y los celos. ¿Cuál es la base para hacer esta afirmación?</p>
<h3><strong>El mundo de hoy </strong></h3>
<p>Echemos un vistazo al mundo actual:</p>
<p>Los seres humanos explotamos cada vez más la Tierra y su atmósfera, lo que provoca desastres, tormentas y la pérdida de medios de subsistencia. ¿Por qué parecemos incapaces de cambiar radicalmente nuestro comportamiento? ¿Acaso la humanidad se ha embriagado hasta quedar aturdida con una copa llena de sustancias tóxicas y narcóticas, de lo que le cuesta despertar? ¿Es la humanidad en esta Tierra un cuerpo extraño, que causa daño mientras no encuentre su destino?</p>
<p>Estas preguntas han preocupado a generaciones de filósofos, políticos e individuos, y cada día requieren una respuesta más y más urgente. Los líderes religiosos y los sabios han enseñado caminos, han encontrado explicaciones y las han difundido. Mucha gente ha creado nuevas teorías para intentar dar una respuesta. A lo largo de la historia las disputas y guerras sobre la «respuesta correcta» dan testimonio acerca del problema de ser humano en la Tierra, sin que se haya encontrado una solución consensuada. ¿Es quizás necesario que cada individuo encuentre la solución dentro de sí mismo? Quiero intentar ilustrar cómo he lidiado y sigo lidiando con esta «extrañeza» de vivir en este mundo, en diferentes continentes.</p>
<p>Durante mi juventud, mi educación y mis estudios en Alemania, ya tenía un sentimiento de distanciamiento de mi familia y amigos. Esto se intensificó durante mis estancias en el extranjero. En la década de 1960, me vi confrontado con los traumas, aún presentes del Tercer Reich, como parte de la culpa colectiva por ser alemán. Era comprensible y podía entenderlo, aunque la pregunta «¿por qué?» surgía cada vez con más fuerza en mi conciencia: ¿por qué la fascinación de clases sociales enteras por gobernantes demagógicos, por qué las guerras, por qué los asesinatos brutales, por qué la desigualdad en el mundo, por qué la opresión de las culturas y pueblos del llamado Tercer Mundo? Los discursos de la sociedad y las doctrinas de la Iglesia, en cuya fe fui educado, no me daban una respuesta satisfactoria. Mis estudios de teosofía y antropología tampoco satisfacían mi búsqueda y mis inquietudes internas.</p>
<p>Así, mi camino me llevó a las filosofías y religiones orientales. Pero aquí también seguía sin resolverse la pregunta: ¿Cómo es posible que filosofías tan elevadas y sabias, especialmente en la India y China, no hayan sido capaces de superar la miseria, el hambre y la opresión (véase el sistema de castas o las ideologías políticas)? ¿Por qué estos mecanismos han sido tan dominantes y decisivos en el pasado y en el presente? El estudio del <em>Bhagavad Gita</em>, la práctica del yoga y la meditación, el estudio del budismo, etc., siguieron y despertaron en mí la necesidad de conocer y experimentar directamente la realidad de la India. Así que me fui a vivir allí, no como turista ni hippie, sino utilizando mis conocimientos profesionales para realizar una humilde contribución; así, trataba de aliviar las penurias y la miseria allí, mientras esperaba encontrar el autoconocimiento y las respuestas a mis preguntas internas.</p>
<h3><strong>Buscando en Oriente</strong></h3>
<p>Tuve la oportunidad de trabajar y vivir en Nepal. Una profunda inmersión en la cultura, las costumbres, el comportamiento y el idioma me ayudó a reducir mi condición de extranjero en este entorno. Sin embargo, durante mucho tiempo no pude encontrar respuestas a las preguntas fundamentales de ser un extraño en este mundo. En lo que respecta a las circunstancias externas de la vida, me sentía cada vez menos «extranjero» y más «diferente». Solo después de una larga búsqueda encontré respuestas a mis profundas preguntas internas, una búsqueda que me llevó a mirar hacia mi interior.</p>
<p>Durante este tiempo, observé el derrumbe de las normas, los comportamientos y la religiosidad externos. Cuestioné tradiciones centenarias y rechazadas por el «desarrollo», y la búsqueda de algo nuevo se volvió desesperada. Noté que se produjeron y aún se producen conflictos sociales, ruptura de familias y cambios en las estructuras sociales. Por un lado, como contrapartida, muchos intentaron aferrarse a las viejas tradiciones y formalismos. Sin embargo, se enfrentaban a la pregunta de si la práctica religiosa convencional se había convertido en una mera formalidad, en la que se seguía rutinariamente el protocolo externo, o si el contenido espiritual interno seguía estando presente y era real. Esta duda y esta pregunta parecen estar en consonancia con las afirmaciones de Krishna cuando conversa con Arjuna, algo que tuvo lugar hace varios miles de años y que se recoge en el <em>Bhagavad Gita</em>:</p>
<blockquote><p><em>Los ignorantes se aferran a los Vedas por los frutos que conllevan las ceremonias y dicen: «No hay nada más». No saben nada más que muchos rituales que procuran riqueza y una reencarnación feliz. Pero no tienen un conocimiento real del alma y son los menos inclinados a la meditación. Libérate del par de opuestos, libérate de la ansiedad mundana y del deseo de conservar las posesiones presentes. </em>[2]</p></blockquote>
<p>¿No es esta afirmación de Krishna idéntica a la exigencia de la Biblia?:</p>
<blockquote><p><em>…y cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que aman orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles para ser vistos por los hombres. En verdad os digo que ya han recibido su recompensa. Pero cuando oréis, entrad en vuestra habitación, cerrad la puerta y orad a vuestro Padre que está en el secreto, y vuestro Padre, que ve en lo secreto, os recompensará. Y cuando oréis, no murmuréis como los gentiles, que piensan que serán oídos si hablan mucho. Por tanto, no seáis como ellos. Vuestro Padre sabe lo que necesitáis antes de que se lo pidáis </em>[3].</p></blockquote>
<p>Mi contacto con amigos nepalíes, indios, europeos y estadounidenses intensificó mi búsqueda espiritual. Durante ese tiempo, tuve acceso a los Sutras de meditación del budismo Mahayana [4], en particular al Sutra del corazón[5] y al Sutra del sexto patriarca[6]. Estos generaron en mí una fuerte atracción espiritual que iba más allá de las pujas y los rituales habituales de los templos.</p>
<h3><strong>De vuelta a Europa</strong></h3>
<p>También entré en contacto con la filosofía y el modo de vida del movimiento de los cátaros en el sur de Francia [7]. Los manifiestos rosacruces de principios del siglo XVII [8] volvieron a atraer mi interés hacia Europa. El estudio de estos manifiestos y otros escritos sobre el impulso Rosacruz se convirtió en una guía duradera para el resto de mi vida. La confrontación con las circunstancias externas de la vida en Nepal, Alemania y otros países en los que viví, pasó a ser secundaria en el trasfondo de mi búsqueda espiritual.       La «extrañeza» cotidiana en los aspectos sociales, culturales, políticos y de otra índole perdió su importancia. Mi enfoque en los procesos de transformación del alma descritos en la <em>Fama Fraternitatis</em>, la <em>Confessio Fraternitatis</em> y <em>Las bodas alquímicas de Christian Rosacruz </em>[9] me llevó cada vez más a una creencia y un conocimiento internos que «no son de este mundo». La creciente conexión con el «otro» dentro de mí, la fuente creativa que trabaja desde lo más profundo de mi corazón, desplazó a la extrañeza mundana. Fue sustituida por la paz interior y la quietud, una sensación de «volver a casa».</p>
<p>El gradual crecimiento del saber interno me llevó a una serenidad [1] y alegría cada vez mayores. La sensación de ser un extraño en este mundo me abrió la puerta para volver a casa. Las décadas de búsqueda me han permitido encontrar un sol que brota de lo más profundo de mi ser, «con el corazón abierto y la cabeza descubierta», como expresaban los rosacruces clásicos en su grito de júbilo: «Y alegre y felizmente, con el corazón abierto, la cabeza descubierta y los pies descalzos, sale temprano por la mañana al encuentro del sol naciente».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Referencias</strong></p>
<p>Véase también: www.logon.media: LOGON: <em>Actuar sin actuar</em>. 15 marzo 2025</p>
<p>[1] Jan van Rijckenborgh:  <em>La testimonio de la Fraternidad de la Rosacruz</em>. Fundación Rosacruz. Zaragoza, 2001.</p>
<p>[2] <em>Bhagavad Gita</em>, capítulo II, versículos 42/43.</p>
<p>[3] Mateo 6; 5-8.</p>
<p>[4] <em>Sutras de meditación del budismo Mahayana: </em>vol. 1-3; editor (en alemán) Raoul von Muralt, Origo Verlag, Zúrich, 1958.</p>
<p>[5] www.logon.media: <em>El Sutra del Corazón</em> o: <em>La plenitud es otra cosa</em>; Mente y Alma, 2 de julio de 2023.</p>
<p>[6] www.logon.media: <em>La doctrina de la conciencia universal del Sexto Patriarca Hui-neng</em>; Mente y Alma, 2 de julio de 2022.</p>
<p>[7] Véase, por ejemplo: Cruzada albigense. Wikipedia</p>
<p>[8] J. van Rijckenborgh: <em>El testimonio de la </em></p>
<p><em>Fraternidad de la Rosacruz</em>. Fundación Rosacruz. Zaragoza, 2001.</p>
<p>[9]  J. van Rijckenborgh: <em>La testimonio de la Fraternidad  de la Rosacruz</em>,</p>
<p>[10] Véase también: www.logon.media: LOGON. <em>Actuar sin actuar</em>. 15 de marzo de 2025.</p>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>El Golem Revisitado</title>
		<link>https://logon.media/es/logon_article/el-golem-revisitado/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Juan]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 18 Aug 2025 14:46:02 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Está claro que la revolución de los gólems causará una gran conmoción en la sociedad. De vez en cuando, vuelvo sobre el tema del «gólem». Esta vez mis pensamientos sobre este antiguo tema se desencadenaron al ver una imagen del número de satélites que orbitan la Tierra. Actualmente hay más de once mil; al menos, [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><em>Está claro que la revolución de los gólems causará una gran conmoción en la sociedad.</em></p>
<p><span id="more-120376"></span></p>
<p>De vez en cuando, vuelvo sobre el tema del «gólem». Esta vez mis pensamientos sobre este antiguo tema se desencadenaron al ver una imagen del número de satélites que orbitan la Tierra. Actualmente hay más de once mil; al menos, esos son los activos. Si a eso añadimos toda la basura espacial creada por el hombre, resulta evidente que hemos creado nuestro propio firmamento.</p>
<p>Una imagen realmente siniestra, pero ¿qué tiene que ver esto con el gólem?</p>
<p>Un gólem es una criatura moldeada a partir de material muerto, como arcilla o barro, con forma de cuerpo humano. Según algunas leyendas judías, un gólem podía cobrar vida mediante el uso mágico de un «shem». Un shem es uno de los nombres de Dios, escrito con letras del alfabeto hebreo. Para dar vida al gólem, se escribía el shem en un trozo de papel y se le colocaba en la boca o en la frente. También hay historias en las que se daba vida a los gólems escribiendo la palabra «verdad» en su frente. Se podía quitar el aliento de vida al gólem eliminando la primera letra del alfabeto hebreo, el aleph (א), de la inscripción en su frente, cambiándola de «verdad» (אמת) a «muerte» (מת).</p>
<h3><strong>Proceso de creación</strong></h3>
<p>El tema del golem está completamente entrelazado con la creación y el proceso de creación. ¿Por qué creamos algo? ¿Por qué expresamos algo de nuestra alma en la materia? Es un hecho bien sabido que el universo funciona como un espejo. Vemos lo que somos. También creamos lo que somos. Creo que el propósito de esto es obtener más claridad sobre nosotros mismos: lograr el autoconocimiento y un desarrollo más profundo. Muchos escritores, por ejemplo, estarán familiarizados con la experiencia de adquirir una comprensión más profunda de su tema después de escribir algo sobre él. Han recreado una parte de sí mismos en la materia.</p>
<p>Pero la cuestión es: ¿qué es eso que llamamos «nosotros mismos»? ¿Quiénes somos? ¿O en qué nos hemos convertido?</p>
<p>La imagen de los satélites que orbitan la Tierra nos remite a nosotros mismos. Nuestro campo respiratorio, nuestra aura, está llena de objetos artificiales, resultados astrales de nuestro impulso creador. Esta contaminación áurica perturba, tanto para nosotros como para la Tierra, el normal funcionamiento y el equilibrio de la naturaleza.</p>
<p>Sí, pero ¿no es esto inevitable? ¿No tenemos que desarrollarnos a través de nuestras creaciones? ¿No nos llega este artículo a través de Internet y los satélites?</p>
<p>Jan van Rijckenborgh escribe:</p>
<blockquote><p><em>«Las transformaciones electromagnéticas provocadas por la humanidad ponen así en desarmonía nuestro campo de vida dialéctico. Esta desarmonía se manifiesta sin cesar, como sabemos, y esto significa que la vida dialéctica se hace más difícil»[1].</em></p></blockquote>
<p>¿Son las cosas realmente tan inevitables? ¿Vamos siempre de mal en peor?</p>
<p>Nuestro progreso tiene un precio que, por ejemplo, pagamos con nuestra salud. La persona-yo, la persona con una conSciencia centrada en el yo, se dirige siempre hacia el abismo. Ella mismo no se da cuenta. No sabe que, al igual que el gólem, lleva la palabra «muerte» escrita en la frente. No está vivo en el sentido espiritual de la palabra. La consciencia del yo es la conciencia del robot, por extraño que esto suene a nuestros oídos. La persona centrada en el yo vive bajo la ilusión de que posee una consciencia espiritual verdaderamente viva.</p>
<p>¿Cómo despertamos de este sueño? A través de nuestro impulso creativo y los resultados que produce. El universo nos sirve de espejo. En nuestros días los gólems han cobrado una gran actualidad. Ya no son de arcilla, están técnicamente muy avanzados y pronto serán indistinguibles de los humanos.</p>
<p>Ahora pueden realizar muchas de nuestras tareas, en general mejor y más rápido. ¿Qué dice eso de nuestra consciencia? Cuando en algún momento los gólems puedan hacer todo lo que nosotros, ¿no se habrá demostrado entonces que la consciencia del yo es la conciencia de los robots?</p>
<h3><strong>Revolución</strong></h3>
<p>Hay quien fabrica robots y, (por ahora) los controla. Hay a quien esto les parece estupendo y tienen grandes expectativas. Las capacidades de los robots son realmente impresionantes. Pero, como siempre, todo desarrollo tiene dos resultados. En el lado negativo, vemos a personas ansiosas e inquietas por este desarrollo. Estos sentimientos de ansiedad plantean preguntas: ¿Cuál es mi sitio? ¿Me quedaré sin trabajo y me dejarán tirado? ¿Cómo puedo arreglármelas y sobrevivir? Está claro que la revolución de los gólems causará una gran conmoción en la sociedad.</p>
<p>¿Estamos dando otro paso hacia el abismo?</p>
<p>La ventaja de esto es que el abismo, que siempre ha estado tan oculto, empieza a hacerse visible. El cuchillo que nos hemos puesto en la garganta empieza a sentirse.</p>
<p>Es el momento propicio para una revolución espiritual. Ahora tendremos que demostrar que somos algo más que gólems. Ciertamente, los humanos tenemos una personalidad robótica, pero hay más, ¡mucho más!</p>
<h3><strong>Origen espiritual</strong></h3>
<p>El problema es que la persona-yo no tiene consciencia de la casa espiritual que habita, del microcosmos que la rodea. La mayor parte de nuestro sistema vital es, con mucho, oscura y desconocida para nosotros. La parte que conocemos es la parte parecida a un gólem, moldeada de arcilla y no verdaderamente viva. Esta parte robótica puede transformarse e incorporarse al todo, pero solo si se ajusta a su sistema microcósmico.</p>
<p>Para iniciar el proceso de transformación, debemos responder a tres preguntas. ¿De dónde vengo? ¿Quién soy? ¿Hacia dónde voy?</p>
<p>Las historias místicas y veladas sobre los gólems tienen un significado más profundo y pueden ayudarnos con las dos primeras preguntas. Cuando un gólem tiene escrita la palabra «muerte» en la frente, está sin vida, desactivado. Para insuflar vida al robot, se añade la primera letra del alfabeto hebreo, aleph, a la palabra «muerte», transformándola en «verdad». El aleph señala la unidad entre lo increado y lo creado. Es la unidad de Dios. Es la que subyace a la creación de nuestro microcosmos, nuestro origen espiritual. Quien ha olvidado sus orígenes está muerto en un sentido espiritual. Sin embargo, el abismo amenazador despierta fuerzas ocultas en nuestro interior. El filo del cuchillo atraviesa nuestra garganta. ¿Quién soy? ¿De dónde vengo? Nuestra desesperación nos centra en lo esencial. ¿Qué es la verdad?</p>
<h3><strong>El nombre de Dios</strong></h3>
<p>Empezamos a buscar. Indagamos en los libros, indagamos en nosotros mismos. Los velos que sofocan nuestro conocimiento interior se disuelven lentamente; la luz brilla en nuestra verdadera naturaleza. Nuestro centro espiritual, nuestro verdadero Ser, despierta de su sueño de muerte. Recordamos nuestros orígenes espirituales. Añadimos la primera letra, aleph, al sello de nuestra frente; dice: ¡verdad!</p>
<p>Ahora continuamos con la pregunta: «¿Quién soy yo?» Para responder a esta pregunta, también debemos escribir las otras letras de la creación dentro de nosotros. Ahora debemos incorporar las letras del nombre de Dios en nosotros. Esto tiene poco que ver con escribir literalmente las letras o recitar mantras. El verdadero significado es mucho más profundo; se trata de la recreación, de la transformación de nuestro ser.</p>
<p>Jan van Rijckenborgh viene en nuestra ayuda:</p>
<blockquote><p><em>«Podemos definir místicamente la radiación electromagnética, la fuerza fundamental, como el Aliento divino, como la Palabra divina, pues el aliento de Dios se mueve sobre nosotros con un cierto ritmo, con una cierta vibración. En consecuencia, hay un significado oculto en él: una palabra santa nos está siendo literalmente pronunciada. Esta palabra es llamada en la doctrina universal el nombre misterioso de Dios, que consta de seis o siete letras. Es una definición del santo Séptuple Poder, los siete poderes gnósticos, por los cuales la santificación de quien retorna a Dios puede hacerse realidad; el nombre de Dios es la Gnosis misma, es Dios mismo»[2].</em></p></blockquote>
<p>Ahora podemos entender por qué las antiguas leyendas dicen que un gólem podía ser traído a la vida mediante una experiencia extática, durante la cual el nombre de Dios era insertado en su ser. Después de la “verdad”, las letras restantes del nombre de Dios, los otros rayos del Espíritu Séptuple, se graban en nuestras frentes. Entonces la marca de la bestia del abismo desaparece y llevamos el sello de los hijos e hijas de Dios.</p>
<h3><strong>YO SOY</strong></h3>
<p>Ahora podemos responder a la pregunta: «¿Quién soy yo?» Cuando los siete rayos del Espíritu reviven y alimentan el microcosmos séptuple, el verdadero ser humano cobra vida: es el «YO SOY». En ese momento, recuperamos nuestro verdadero nombre. Es el nombre que Dios nos dio una vez, pero que habíamos olvidado.</p>
<p><em>«Al que venza, le daré un poco del maná oculto, y le daré una piedra blanca, y un nombre nuevo escrito en la piedra que nadie conoce, excepto el que lo recibe» [3].</em></p>
<p>La relación entre el gólem u hombre-robot, el hombre-Espíritu y Dios puede expresarse de la siguiente manera: &#8216;Yo soy&#8217; (el hombre-robot), “YO SOY” (el hombre-Espíritu), y “YO SOY EL QUE SOY” (Dios).</p>
<p>Cuando Dios ordenó a Moisés que sacara al pueblo judío de la esclavitud en Egipto, Moisés preguntó a Dios por su nombre. Quería saber con qué nombre podía justificar tan formidable tarea.</p>
<p>Dios respondió: «YO SOY EL QUE SOY» [4].</p>
<p>Podemos entender esto de la siguiente manera. Dios dice: «Yo soy el Eterno, el Existente, el siempre presente (YO SOY), y fuera de Mí no hay nada (QUIÉN SOY). Yo soy lo increado y lo creado, los tres y los siete que son Uno.</p>
<p>Como ser de la naturaleza, el ser humano es un fenómeno temporal. Está hecho de arcilla, es decir, es una creación del tiempo y del espacio. Sin embargo, nosotros, como «yo soy», como seres transitorios, estamos conectados con el «YO SOY» dentro de nosotros, el Espíritu-hombre durmiente. Dios dice que dará un nombre nuevo a los que venzan. Esa victoria significa dejar a un lado nuestro «yo», la conciencia mortal, separada y fragmentada del “yo”, y hacer espacio para el «YO SOY» dentro de nosotros.</p>
<p>Si tenemos éxito en esto y el «YO SOY» se levanta de su sueño de muerte, entonces estamos de nuevo conectados conscientemente con el UNO, que se llama a sí mismo «YO SOY EL QUE YO SOY».</p>
<p>Entonces, también se responde a la última de las tres preguntas: ¿Adónde vamos? Vamos a casa. Hemos vuelto a casa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3><strong>Referencias</strong></h3>
<p>[1] J. v. Rijckenborgh: <em>Los misterios gnósticos de la Pistis Sophia,</em> Capítulo “La creación del decimotercer eón”.</p>
<p>[2] J. v. Rijckenborgh: <em>La gnosis en su manifestación actual</em>.  Capítulo “El descenso del Espíritu Santo”.</p>
<p>[3] Apocalipsis, 2,17</p>
<p>[4] Éxodo, 3,14</p>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Los Caminantes</title>
		<link>https://logon.media/es/logon_article/los-caminantes/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Juan]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 13 Jul 2025 09:40:05 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[¿Quiénes somos? ¿Por qué camino vamos? Estábamos todos en una pequeña y estrecha sala, esperando un servicio sanitario gratuito. Me llamó la atención una señora muy alta y fornida que estaba sentada a mi lado. Me di cuenta de que tenía los ojos rasgados y penetrantes. Le pregunté si era de ascendencia peruana o chilena. [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><em>¿Quiénes somos?</em></p>
<p><em>¿Por qué camino vamos?</em><span id="more-119778"></span></p>
<p>Estábamos todos en una pequeña y estrecha sala, esperando un servicio sanitario gratuito. Me llamó la atención una señora muy alta y fornida que estaba sentada a mi lado. Me di cuenta de que tenía los ojos rasgados y penetrantes. Le pregunté si era de ascendencia peruana o chilena. A medida que avanzaba la conversación, me habló de su inmensa estatura y de su herencia genética, descubierta por un investigador médico. «Es una larga historia», dijo. Y así relató con detalle la epopeya de su familia, empezando por tres generaciones antes que ella.</p>
<p>Contó que sus tatarabuelos habían llegado a Brasil con seis niños pequeños. Estaban hambrientos y decidieron adentrarse en el interior del país, sufriendo la sequía y el sol, y sobreviviendo gracias a la caza, la pesca, la sal de la tierra y el agua cristalina de los pozos subterráneos. «Y así continuaron su camino, solo con Dios y el polvo del tiempo», dijo.</p>
<p>Admiré su narración; era poética y estaba llena de detalles sobre ese viaje a través del tiempo y el espacio. Volví a casa pensando que todos somos caminantes que continúan «solo con Dios y el polvo del tiempo». ¡Y eso es tanto y tan poco! Salimos a la caza de nuestros recuerdos primordiales y pescamos, aquí y allá, el sustento diario de nuestras almas hambrientas de Espíritu. Lo que nos impulsa es que, al alimentarnos constantemente de todo lo que nuestra alma necesita, nos sentimos siempre atraídos por la búsqueda de la esencia divina que llevamos dentro. Gana quien nunca deja de buscar ni de caminar. Y el final de este viaje «con Dios y el polvo del tiempo» conduce a la transfiguración más perfecta. Así es como, un día, completamente transformados, tomaremos plena conciencia de nuestra finitud y eternidad, lo que nos convertirá en seres gloriosos, caminando bajo la Luz de Dios, aunque aún estemos pisando el polvo de la tierra.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Serenidad en tiempos oscuros</title>
		<link>https://logon.media/es/logon_article/serenidad-en-tiempos-oscuros/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Juan]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 27 Apr 2025 08:23:24 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Escribir sobre la serenidad parece muy difícil en el momento en que se dice: «Vivimos tiempos oscuros». Inmediatamente surge la pregunta: «¿Alguna vez fue diferente?» ¿Es la serenidad una actitud necesaria ante la vida? Todo lo sombríos que percibamos los tiempos en que vivimos es una cuestión subjetiva y está muy ligada a las circunstancias [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><em>Escribir sobre la serenidad parece muy difícil en el momento en que se dice: «Vivimos tiempos oscuros».<br />
Inmediatamente surge la pregunta: «¿Alguna vez fue diferente?»</em><br />
<span id="more-117365"></span></p>
<h3>¿Es la serenidad una actitud necesaria ante la vida?</h3>
<p>Todo lo sombríos que percibamos los tiempos en que vivimos es una cuestión subjetiva y está muy ligada a las circunstancias de nuestras vidas. Y el mismo sentimiento está estrechamente ligado a si podemos reconocer un propósito en lo que hacemos. En general, existe una cierta división en la comunidad humana, que puede ilustrarse bien con un breve reportaje de una radio del norte de Alemania:</p>
<p>Un político del estado federado de Schleswig Holstein –norte de Alemania–, describe el estado de ánimo de los medios de comunicación daneses y alemanes en ese territorio. En Schleswig Holstein, daneses y alemanes conviven de una forma especial por su peculiar historia, ya que partes de este estado federado, en el pasado, siempre han alternado la nacionalidad danesa con la alemana. Todavía hoy existe allí una minoría danesa que mantiene su independencia cultural y también está representada en la política a nivel estatal por sus propios políticos.</p>
<p>En este reportaje, se demuestra que los medios de comunicación daneses desarrollan una visión del mundo mucho más positiva y orientada a la búsqueda de soluciones que los medios alemanes.</p>
<p>En la mentalidad alemana, el miedo y la obsesión por los problemas desempeñan un papel más importante que en la visión danesa. En este contexto, quizá sea interesante observar que, en el Informe Mundial sobre la Felicidad, Dinamarca es el segundo país más feliz del mundo, por detrás de Finlandia, mientras que Alemania ocupa el decimosexto lugar. Este informe, abarca muchos factores que los autores trataron de delimitar. Demuestra lo complejo que es el tema de la felicidad. Ahora bien, felicidad no es lo mismo que serenidad, pero puede darse el caso de que haya mucha más gente alegre en una comunidad feliz.</p>
<p>La cuestión de si alguna vez fue diferente, juega con la impresión que las épocas dejan en las generaciones posteriores. Hoy en día, la Edad Media se percibe como oscura y melancólica, mientras que el posterior periodo del Renacimiento dejó la impresión de un estado de ánimo alegre y optimista. Por tanto, si vivimos en una época más alegre o más sombría, probablemente solo lo decidirán las generaciones posteriores.</p>
<h3>Serenidad, un diamante con muchas caras</h3>
<p>La serenidad, como tema filosófico, ha estado presente en la humanidad durante miles de años. Hay filósofos importantes en muchas culturas que han expresado o escrito sus pensamientos sobre este tema. Esto revela importantes diferencias culturales en la forma de verlo. Y el espíritu de la época también desempeña aquí un papel importante.</p>
<p>La serenidad, como expresión de la alegría de vivir desinhibida de un niño, por ejemplo, puede convertirse en una emoción bastante superficial a lo largo de la vida. Entonces adquiere rasgos hedonistas que se expresan en la satisfacción placentera de los deseos. Especialmente después de las guerras, la gente suele querer disfrutar de la vida y prefiere relegar a un segundo plano los problemas y las preguntas sobre el propósito de la vida.</p>
<p>El filósofo griego Epicuro siguió una estrategia especial para prestar más atención a la cuestión de la profundidad. En su vida, trató de satisfacer los sentidos lo suficiente como para que no surgieran tensiones en el alma. Según su idea, surge entonces un equilibrio anímico, cuyo resultado es la ataraxia, una paz de espíritu perfecta.</p>
<p>Tal vez una mejor descripción de la «ataraxia» sea una paz mental perfecta o un estado de ánimo sereno.</p>
<p>Mientras que la serenidad de Epicuro es el resultado de un equilibrio mental, también hay escuelas filosóficas de pensamiento que trabajan con experiencias a través de una percepción alterada. Aquí juega un papel especial la generación de embriaguez y éxtasis, que para algunos filósofos debería conducir a la serenidad en una conciencia expandida.</p>
<p>Algunos pueblos indígenas tienen una larga tradición de uso de drogas alucinógenas o rituales de danza para inducir el éxtasis. Hoy en día el uso de drogas también forma parte de la vida moderna. Sin embargo, a diferencia del consumo tradicional, en la sociedad moderna no se enseña a manejar y procesar las experiencias de forma significativa. El consumo moderno tiene lugar en el contexto de una sociedad de diversión; sirve como distracción y, por lo tanto, alberga un gran potencial de adicción.</p>
<p>En este grupo también se incluyen las personas que consumen drogas eufóricas, para intentar escapar de un mundo que a menudo les resulta sombrío y deprimente. No consumen drogas para profundizar en áreas perdidas de la percepción humana, sino como medio de evasión. La serenidad inducida químicamente, cuando se produce, suele limitarse al tiempo del efecto de la droga y, cuando se pasa el efecto, termina en un estado de ánimo más bien depresivo.</p>
<p>Así como los curanderos de los grupos indígenas sudamericanos solían trabajar con drogas alucinógenas, en el continente norteamericano era tradicional evocar realidades alteradas con ayuda de la imaginación. Ambos métodos pueden verse en la continuación superficial de estas tradiciones en actividades de ocio modernas, como el consumo de alcohol y drogas, o en experiencias de deportes extremos o actividades similares.</p>
<h3>La serenidad entre los filósofos griegos</h3>
<p>Los filósofos griegos valoraban la serenidad de forma muy diferente. Para Platón la risa, como expresión de serenidad, estaba prohibida en su estado ideal, ya que era un signo de afeminamiento y falta de razón. Sócrates amaba la serenidad como medio de autoconocimiento. Aristóteles, discípulo de Platón, veía la serenidad como algo que distingue a los humanos de los animales.</p>
<p>Epicuro, que veía la serenidad como el resultado de la satisfacción equilibrada y moderada de los placeres sensuales, recomendaba la consecución de una «calma serena» como meta de la vida. No era partidario de la satisfacción extática de los placeres sensuales, sino simplemente de una satisfacción que llevara a los sentidos al equilibrio y, por tanto, a la quietud. La imagen de la «serena quietud del mar» tiene algo de místico y toca la dimensión de profundidad. El mar se utiliza a menudo como símbolo del alma y su dinámica. Tiene una superficie en movimiento, combinada con una profundidad tranquila. La luz se refracta en la superficie, mientras que la quietud se pierde en la oscuridad de las profundidades, y todo está animado. Como el alma, el mar tiene una dimensión de profundidad que es como una segunda naturaleza para los humanos. En esta dimensión más espiritual se desarrolla una interacción de fuerzas que en la terminología cristiana se describe como una trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo. La dinámica anímica de todos los seres vivos puede verse como la dinámica de estas fuerzas. Su interacción puede representarse como un triángulo:</p>
<p>El primer lado corresponde al poder divino, tal como se refleja también en los seres humanos en la religión. Es el poder normativo de la vida. Al igual que el agua en la superficie crea formas a través de las olas, el poder normativo tiene un efecto formativo a través del alma.</p>
<p>El segundo lado es un poder subjetivo, empático, incondicionalmente amoroso, tal como se muestra en el Hijo. Es ese poder subjetivo, empático, el que en su movimiento y vitalidad da vida a las formas que tienden a solidificarse. Este poder da al alma la devoción para acompañar toda dinámica actual y nueva que da forma, permitiendo así que el pensamiento divino desarrolle una forma visible.</p>
<p>El tercer lado del triángulo es el poder creador del Espíritu Santo, que hace visibles los pensamientos de Dios en historias siempre nuevas mediante la interacción de los otros dos poderes. Aquí es donde los impulsos divinos originales fluyen juntos para formar un desarrollo continuo.</p>
<p>Cuando estas tres fuerzas forman una unidad armoniosa, su poder se desarrolla como en un triángulo equilátero, en el que el punto de contacto entre dos fuerzas actúa siempre «perpendicularmente» sobre el lado opuesto. Este símbolo describe el estado de un alma que tiene un estado de ánimo básico sereno o que vive en ataraxia, como lo llama Epicuro.</p>
<h3>El equilibrio del alma</h3>
<p>La unidad armónica y el equilibrio necesario no surgen por sí solos. Esto es especialmente cierto en tiempos como los que estamos viviendo ahora. Cuando el espíritu de la época está inquieto, la gente se siente insegura y ansiosa. Pocos tienen una posición que les proporcione un equilibrio estable. Y aunqu, todo el mundo posea –más o menos conscientemente– la capacidad de profundidad que puede darle estabilidad, solo unas pocas personas están ancladas en esa profundidad inmóvil que se pierde en la oscuridad y es capaz de conducirlas con seguridad a través de los tiempos oscuros.</p>
<p>Si nos fijamos de nuevo en el triángulo, hay un punto central que se forma al conectar el centro de cada lado con la esquina opuesta. Este punto es especial porque simboliza el lugar donde todas las fuerzas están en perfecto equilibrio entre sí. Para Epicuro, este equilibrio era el objetivo de toda la vida. La serenidad oculta en este punto permite el desarrollo consciente de la capacidad de profundizar y, al mismo tiempo, es la consecuencia de dicho desarrollo. Aristóteles quizás tenía en mente esta capacidad como lo específicamente humano. Esta se manifiesta como una serena calma que posibilita un modo de vida consciente. Cuando una persona es capaz de conciliar las leyes, lo normativo o la rigidez que permite una cierta configuración, con el potencial empático y creativo, la «serena calma del mar», como la llama Epicuro, o la serenidad específicamente humana de Aristóteles, se desarrolla a pesar de toda actividad.</p>
<h3>La serenidad griega y el Tao</h3>
<p>Esta serena calma se basa en una larga experiencia de vida al borde de excesivas exigencias y del abismo, que hace a las personas conscientes de la profundidad de su ser. Cuando esta profundidad se convierte en el fundamento de la propia vida, el abismo pierde su amenaza existencial, porque todo lo que sucede es meramente como la ondulación del mar en su superficie, mientras que las profundidades se experimentan como inmóviles y quietas.</p>
<p>La profundidad que se ha hecho consciente, conduce al ser humano al tipo de pensamiento y acción independientes que dan al triángulo el equilibrio que da vida al ser original. La sabiduría china llama Tao a esta fuerza elemental creadora. Toda persona que permanece en Tao desarrolla la misma serenidad consciente y sosegada que devuelve a la vida al ser humano original, como ser espíritu-alma.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Sé un observador</title>
		<link>https://logon.media/es/logon_article/se-un-observador/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marietta]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 28 Nov 2024 18:13:45 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Observar en lugar de reaccionar es muy beneficioso. Un observador es alguien que mira, que se mantiene a distancia de una situación pero que sigue implicado en ella. Alguien que no reacciona, que mantiene una actitud neutral, pero que no es indiferente. Alguien que puede implicarse, pero con compasión. Un observador es como un transeúnte [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><em>Observar en lugar de reaccionar es muy beneficioso.</em><span id="more-113998"></span></p>
<p>Un observador es alguien que mira, que se mantiene a distancia de una situación pero que sigue implicado en ella.<br />
Alguien que no reacciona, que mantiene una actitud neutral, pero que no es indiferente.<br />
Alguien que puede implicarse, pero con compasión.<br />
Un observador es como un transeúnte que mira, ayuda si es necesario, pero sigue adelante.<br />
Un observador mantiene una sensación de tranquilidad, no gasta energía inútilmente reaccionando.<br />
Un observador no toma partido, pero es solidario.<br />
Un observador puede recibir y ofrecer una perspectiva diferente, una dirección alternativa, una visión más clara.<br />
Un observador no juzga, acepta a las personas y las situaciones tal y como son.<br />
Ahora mismo en nuestro planeta todos estamos en situaciones muy exigentes y estresantes.<br />
Ahora mismo en nuestro planeta estamos llamados a ser observadores.<br />
¿Cómo se convierte uno en observador?<br />
Ante todo, ¡obsérvate a ti mismo!</p>
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		<title>¿Y si?</title>
		<link>https://logon.media/es/logon_article/y-si/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Heiko Haase]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 12 Sep 2024 11:46:23 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Detrás de todas las diferenciaciones en la multiplicidad, detrás de todos los antagonismos, en última instancia encontramos la unidad. Es menos una ley de la naturaleza que un estado del ser, que es la raíz y la fuente de todo lo que surgió después. El ser humano original tiene su origen en esta unidad y, [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><em>Detrás de todas las diferenciaciones en la multiplicidad, detrás de todos los antagonismos, en última instancia encontramos la unidad.<br />
</em></p>
<p><span id="more-112242"></span><br />
Es menos una ley de la naturaleza que un estado del ser, que es la raíz y la fuente de todo lo que surgió después. El ser humano original tiene su origen en esta unidad y, sin embargo, aparentemente, estamos más lejos de ella que nunca antes. ¿Qué ocurrirá cuando una parte significativa de la humanidad regrese a ella?</p>
<p>La humanidad se encuentra actualmente inmersa en una multitud de conflictos que habríamos creído cosa del pasado.</p>
<p>En Europa se está librando una guerra sobre la que nadie augura un final rápido y pacífico.</p>
<p>La guerra entre Israel y Hamás se recrudece (a finales de octubre de 2023), y el deseo de las partes beligerantes de una solución final (nótese la abstracción formulada casi sin dolor) y los esfuerzos de gran parte de la comunidad mundial por contener el conflicto se enzarzan en un tira y afloja.</p>
<p>Sin embargo, se observa que cada vez menos personas demonizan a una de las partes del conflicto en su conjunto; al contrario, saben diferenciar y reconocer la complejidad de la situación. También parece que cada vez más personas de ambos bandos son capaces de percibir y reconocer el miedo y el dolor del otro.</p>
<p>A medio plazo, tal vez la constatación de que el dolor acumulado durante generaciones no hará más que acumularse si todo el mundo sigue, como hasta ahora, sin aportar soluciones. Sin embargo, creo que también surtirá efecto otra cosa: la capacidad de las personas de reconocerse en sus semejantes y, en consecuencia, la capacidad de la humanidad de percibirse a sí misma como una entidad auténtica, más allá de todas las fronteras.</p>
<p>Al mismo tiempo, la humanidad sigue encontrándose inmersa en un cúmulo de crisis derivadas de la normalización del estilo de vida occidental: el consumo creciente de la tierra y sus recursos, la degradación del planeta y la destrucción de la naturaleza asociada a ello. Si no nos reorientamos y comprendemos que debemos limitarnos, consumiremos nuestros recursos y provocaremos la extinción de especies y el cambio climático. Es difícil pasar del más al menos y apreciar las libertades de este último; es difícil despojarse de hábitos y diferenciar en nuestro interior entre la extensión espiritual y psíquica percibida –y realizable– y los limitados recursos materiales que todos tenemos que compartir.</p>
<p>A principios de enero de 2023, asistí a una conferencia sobre «política interior global». Se trataba de iluminar el haz de problemas antes esbozado, no sin presentar iniciativas que perseguían el entendimiento global de valores comunes o perseguían acciones concretas para minimizar el consumo de energía en las escuelas, o a plantar vegetación en su propio entorno. En la mesa del comedor, la complejidad y gravedad de la situación encontró su expresión en estimulantes discusiones. Cuando, con curiosidad, pregunté hasta qué punto los problemas medioambientales conocidos habían provocado cambios en la vida cotidiana, todos mis interlocutores lo negaron. El conocimiento aún no es acción. ¿Qué hacer con el retraso de las reformas?</p>
<p><strong>El espacio interior del mundo [1]</strong></p>
<p>En el curso de su evolución espiritual, muchas personas han entrado en contacto con campos espirituales que pueden ser puentes hacia la unidad. Muchas buscan este tipo especial de conexión, un espacio de encuentro en el que, como parte de un todo más amplio, puedan despojarse del corsé de sus limitadas opiniones y posibilidades.</p>
<p>Allí donde la gente sigue un camino espiritual, surgen campos espirituales unificadores. El propio espíritu planetario tiene un campo espiritual que puede ser experimentado por las personas. Según mi percepción, Rainer Maria Rilke no sentía otra cosa cuando escribió su poema “Es winkt zu Fühlung” (“Llamada al sentimiento”) en 1914. En él muestra el camino de toda la vida hacia una unidad perceptiva y amorosa:</p>
<p>(&#8230;) ¿Quién calcula nuestros ingresos? ¿Quién nos separa<br />
de lo antiguo, de los años pasados?<br />
¿Qué hemos experimentado desde el principio<br />
sino que uno se reconoce en el otro?</p>
<p>¿Sino que algo indiferente se calienta con nosotros?<br />
Oh casa, oh ladera cubierta de hierba, oh luz del atardecer,<br />
de repente casi lo haces visible<br />
y te apoyas en nosotros, abrazando y siendo abrazado.</p>
<p>El espacio único llega a través de todos los seres:<br />
el espacio interior del mundo. Los pájaros vuelan silenciosamente<br />
a través de nosotros. Oh, yo que quiero crecer,<br />
miro hacia fuera, y dentro de mí crece el árbol. (&#8230;)</p>
<p>A través de su poesía, Rilke se acercó durante mucho tiempo a este mundo interior, hasta que por fin pudo verlo y articularlo con claridad. Hoy se ha hecho tangible para muchas personas, sobre todo en el encuentro con otras afines.</p>
<p>Además, cada vez más seres humanos despiertan de la idea del aparente dominio de la naturaleza al hecho de que forman parte de este espacio interior del mundo y experimentan así su belleza, pero también la responsabilidad por el todo que ello conlleva. El ser humano y la naturaleza, el ser humano y sus semejantes se acercan de una forma nueva.</p>
<p>Esto, a medida que se revela la unidad sustancial en las profundidades del alma, conduce a una compasión creciente por todos los seres vivos y a una disminución de la rivalidad, la enemistad y el egoísmo ciego. Sin embargo, mientras sigamos viviendo nuestra vida cotidiana sobre la base de nuestra individualidad tradicional, seguirán existiendo conflictos de intereses.</p>
<p><strong>Un enfoque de la vida</strong></p>
<p>Participar en campos espirituales unificadores o percibir el alma interior del mundo puede dar origen a una nueva consciencia en la que convergen una comprensión y una conectividad más profundas. Así, la actividad de la cabeza y del corazón salen del aislamiento y exploran una vida nueva y más completa. Sin embargo, la influencia de los viejos hábitos y de una actitud orientada hacia el exterior (que todavía tenemos en común con la mayoría de la humanidad) permanece; también permanecen los miedos, que pueden desencadenarse fácilmente mientras no encontremos el único fundamento de la vida en las profundidades del no-suelo divino.</p>
<p>Sin embargo, es posible abstenerse de conflictos grandes y pequeños sabiendo que, en la esencia más profunda, no puede haber ni enemistad ni siquiera lejanía. Retirarse del bombardeo mediático, que cada hora tiene que anunciar nuevos escándalos, crisis y catástrofes para generar atención, es una actitud saludable.<br />
La búsqueda de la unidad no se cumple si permitimos que los medios de comunicación nos involucren en cada conflicto, instándonos, de nuevo, a elegir bando. Tal vez sea posible percibir el poder de las convulsiones astrales globales en momentos concretos y considerar si esto no se asemeja a estar verdaderamente atrapado.</p>
<p>¿Cuál es mi posición? ¿Qué puedo y debo hacer en mi entorno inmediato? Estas son preguntas que podemos hacernos. Muchas personas lo hacen y se liberan de viejas estructuras. Pueden desaparecer paradigmas arraigados, como la búsqueda de la riqueza, lo que se considera una prueba de que algo, muy importante, se ha hecho bien. O la búsqueda, casi dogmática, de la optimización del beneficio en las empresas, cuya búsqueda del poder y la posesión coexisten con el miedo a que lo que yo no haga, lo hará mañana mi competidor&#8230; Están surgiendo nuevas iniciativas y estructuras –una comunidad mundial interconectada globalmente no puede existir sin estructuras–, pero sobre una base diferente. Algunos ejemplos son la economía del bien común (Gemeinwohlökonomie: Economía del bien común) o las monedas locales.</p>
<p>Si hay suficientes personas que se liberan del cautiverio de los intereses perseguidos ciegamente a través de un proceso de despertar espiritual, las estructuras superiores –gobiernos, grandes empresas– también pueden actuar de forma diferente. Las causas por las que la gente une sus fuerzas reflejan siempre el denominador común del colectivo. Hasta ahora, por ejemplo, los Estados no han sabido hacer otra cosa que interpretar los intereses materiales de su ciudadanía y, en consecuencia, representarlos: el denominador común más fundamental parece consistir en la búsqueda del poder y la propiedad. Ya sea para asegurarse recursos o para defender la seguridad nacional en guerras lejanas: las corporaciones y los Estados seguirán haciéndolo: solo un giro real por parte de muchos seres humanos puede cambiar esta situación.</p>
<p><strong>Lo universal como esencia integradora</strong></p>
<p>Quienes sean capaces de abrir su individualidad hacia lo universal traerán al mundo la unidad espiritual y mental como estado del ser. Solo quienes puedan abrirse de forma fundamental y, sí, entregar su ego a este todo universal, podrán ayudar a superar los bloqueos de los hábitos, la protección de los intereses y el dominio de los miedos existenciales, dando ejemplo a los demás a través de su propia transformación. Las personas que son el Uno y no solo lo sienten, pueden lograr mucho.</p>
<p>Esta transformación no creará un paraíso en la Tierra. Pero nuestro planeta seguirá siendo una escuela para el alma donde la gente puede aprender y crecer. Los seres humanos seguiremos siendo frágiles y mortales y, en nuestra ignorancia, también tendremos capacidad para el mal. Entonces podremos enfrentarnos a estos retos sin distraernos demasiado de la búsqueda de la verdadera humanidad por una carrera de ratas, tal y como la conocemos ahora.</p>
<p>En el Mahabharata indio encontramos la teoría de los yugas, las eras que se suceden en legítima sucesión. Según esta concepción, nos encontramos en el Kali Yuga, la cuarta y más oscura era, en la que la moralidad decae hasta aproximarse a cero. Le sigue una Edad de Oro, el Satya Yuga, que también se entiende como la edad de la perfección. Diversas fuentes identifican 2012 y 2025 como el punto de inflexión hacia una nueva era, y ahora nos encontramos en sus albores, si aceptamos este punto de vista. Como quizá resulte obvio, esta transición no significa un camino directo hacia la luz: la humanidad sigue atravesando una edad oscura en la que inicialmente aumenta la consciencia de que está cosechando lo que ha sembrado.</p>
<p>Las personas que han realizado el Uno se sumergen en el abismo del no-ser, por así decirlo, para emerger de él como entidades universales que pueden propiciar una transición más suave para la humanidad. En ellos se puede experimentar algo que lo abarca todo gracias a la ausencia fundamental de cualquier tipo de egocentrismo, por lo que hacen reconocible la inmensidad de la verdadera humanidad. No son solo inspiración, sino ayuda concreta: levantan la tapa de los miedos, deseos y limitaciones bajo los que viven muchos otros. Irradian una fuerza insuperable que barre todas las cristalizaciones. Este grupo marca la diferencia porque hace que la humanidad universal y liberada sea reconocible para muchos, así como el propósito que todo lo sostiene y satisface. Anula todas las metas terrenales, que inevitablemente se quedan cortas, y arroja una luz radiante en nuestra oscuridad.</p>
<p>De la fuente divina primordial emerge una unidad que lo abarca todo, a partir de la cual las personas pueden trabajar para el todo global sin fracasar a causa limitaciones internas. Depende de las personas ser capaces de revelar el propósito que eclipsa todo lo demás, todo lo viejo, tanto en el caso de que la humanidad siga dirigiéndose hacia un empequeñecimiento de su esfera vital por aletargamiento, o que sea capaz de limpiarse dentro de sí misma y en el mundo. Esto marca la diferencia entre una civilización que perece y una civilización que consigue transformarse.</p>
<p><strong>Transformación</strong></p>
<p>No necesitamos mirar fuera para preguntarnos quiénes son estas criaturas de luz y ni siquiera desear conocer a una de ellas. Quienes experimenten el espacio interior del mundo como el comienzo de una nueva existencia podrán decidirse a seguir el hilo de este comienzo, en lugar de utilizarlo únicamente como lugar de retiro o de elevación ocasional.</p>
<p>Entonces podrán abrirse campos más profundos y de mayor alcance, que permitan una transformación real: la transformación del alma, que es el principio de la transformación hasta la sustancia misma.</p>
<p>Si nos tomamos en serio la unidad de todo ser y la reconocemos como la fuente original y la semilla de nuestro propio ser, entonces el amor y la perseverancia abren el camino a la transformación y, por tanto, al campo humano original de la vida. Entonces tomamos el camino hacia la unidad, manteniéndolo así abierto para todos los demás.</p>
<p>El mundo entero puede convertirse en una escuela espiritual del espíritu en la que se enseñe sin palabras la unidad de la humanidad universal, y el antiguo lema: «Los que siembran sufrimiento cosecharán sufrimiento», habrá quedado entonces obsoleto. Que esto ocurra depende de todos nosotros.</p>
<p>Notas</p>
<p>[1] Esta expresión se refiere al poema de Rainer Maria Rilke “Es winkt zu Fühlung”.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>El clic de un interruptor</title>
		<link>https://logon.media/es/logon_article/el-clic-de-un-interruptor/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marietta]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 28 Jun 2024 15:26:29 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Permitir que brille la Luz, pero ¿Cómo lo hacemos? En algún lugar, en lo más profundo de nuestro ser, hay un interruptor. Un interruptor que pertenece a otra realidad, una realidad que no es de la Tierra. En algún momento del oscuro pasado se apagó. La luz ya no brilla. El interruptor, la fuente de [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><em>Permitir que brille la Luz, pero ¿Cómo lo hacemos?</em><br />
<span id="more-110718"></span></p>
<p>En algún lugar, en lo más profundo de nuestro ser, hay un interruptor.<br />
Un interruptor que pertenece a otra realidad, una realidad que no es de la Tierra.<br />
En algún momento del oscuro pasado se apagó.<br />
La luz ya no brilla.<br />
El interruptor, la fuente de luz, sigue ahí, escondida a buen recaudo, esperando el momento oportuno, el momento adecuado. El momento de pulsar el interruptor, de volver a encenderlo, de permitir que la luz brille de nuevo.</p>
<p>¿Dónde está el interruptor y cómo encontrarlo?<br />
¿Está en una casa arrumbada desde hace mucho? ¿Un interruptor hace tiempo olvidado? ¿Y dónde está la casa? ¿Cómo podemos localizarla? ¿Dónde buscamos?</p>
<p>Piensa profundamente en esto, porque la casa es donde vives actualmente, tu cuerpo físico. Y la fuente de luz, dormida durante mucho tiempo, vive dentro de ti, esperando. Esperando a que le des al interruptor.</p>
<p>Parece fácil, pero ¿lo es realmente? Primero hay que localizar el interruptor, enterrado, incrustado, en algún lugar profundo. Eso conlleva mucho trabajo. Y mucha limpieza una vez que lo hayamos encontrado. El interruptor está bien escondido. No es un asunto sencillo y, desde luego, no es un trabajo de un día para otro.</p>
<p>Nosotros (y los anteriores residentes de nuestra casa) nos hemos implicado y atado al mundo de muchas maneras. Tenemos que descubrir esos caminos, desvincularnos, desconectarnos, antes de que haya alguna esperanza de que esa fuente de luz interior vuelva a brillar. Pero cuando reconocemos la necesidad de hacerlo e iniciamos el proceso, nos ayuda un tenue resplandor interior que nos permite ver lo que tenemos que hacer, paso a paso.<br />
La dirección de nuestra vida cambia. Nuestra actitud y nuestra percepción cambian y el resplandor se hace cada vez más intenso.</p>
<p>Con su ayuda podemos localizar su fuente dentro de nosotros. Podemos encender el interruptor y dejar que la Luz brille.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
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